Cuando no pedir perdón

cuando no pedir perdón

He estado posponiendo este post 13 días. Y os pido disculpas por haber tardado tanto en publicarlo, no por lo que contiene. Parece que haya tenido que esperar unos días para darme cuenta que no sucederá nada por decir lo que pienso.

Algunos de vosotros habéis notado que no he publicado la lista de libros que he leído este mes. Algunos, también habéis notado que no he escrito nada desde hace semanas. Gracias por vuestro tiempo y preguntas: estoy bien. Si no publico en el blog, significa que sigo escribiendo. Incluso más que nunca. Y estoy feliz, nada más.

No debería disculparme por mis miedos. Nunca deberíamos pedir perdón por los miedos. Y éstos, son los míos: 

Tengo miedo a dejar de escribir. A escribir mal. Y si pienso así, escribiré mal.

Tengo miedo de deciros qué estoy escribiendo, porque no soy supersticiosa los 364 días del año excepto en el que tengo que decir en qué ando metida.

Estoy metida en una novela y tengo miedo. Tengo miedo de que sea mala. Tengo miedo de terminarla, releerla y que sea un asco. Que es lo más probable que suceda. Porque sucede con cada cosa que escribo.

Tengo miedo de que esta novela se publique y termine repudiándola como a mi primer libro. Lo bueno es que ya no tengo miedo en admitir que para construir mi marca personal—a los que hayáis venido aquí por la teoría—tengo que dejar de escribir sobre ella, para empezar a ponerla en práctica.

Tengo miedo porque estoy disfrutando más que nunca: me paso todo el día escribiendo. Es un paraíso. Y eso terminará.

El blog cambiará de rumbo. De idioma, quizás también. Escribiré más en catalán y en inglés. Me siento más cómoda en esos dos idiomas. Espero que lo podáis entender.

No voy a publicar más recopilaciones de #leyendo en el blog. Pero podéis seguir los libros que leo en Goodreads, que cada día se parece más a Facebook. Y en mi Instagram a veces también cuelgo lo que voy leyendo. Seguiré leyendo y escribiendo sin vergüenzas, ni miedos.

Quizás haré más videos, porque me da miedo.

Y este post va sobre cuándo no pedir disculpas, cuando haces realmente lo que quieres. En mi caso, escribir y cambiar el rumbo del blog: porque nuestras prioridades cambian.

Pero por lo que sí siento que debería pedir perdón es por ser tan reactiva. Por esperarme a recibir mensajes de acogida para ver si aún sigo viva.

Debería pedir perdón por no ser sincera conmigo ni con vosotros. Por no deciros que, ahora, estoy más interesada en escribir ficción que sobre marca personal.

Lo que me sabe mal es que, como lectores, esto os va a afectar. Pero entiendo que teniendo unos lectores de calidad como vosotros, también cambiáis y vuestras prioridades también. Y estoy segura de que si no cambiase, indirectamente me pediríais que lo hiciera. Que me renovase.

Todo el contenido pasado seguirá intacto en la web. Lo que si que veréis que cambiará es el tipo de posts que colgaré a partir de ahora.

Iréis viendo las cosas que cuelgo: relatos cortos, crónicas, ficción, opinión, vida cotidiana. Bueno, más o menos es la forma que ya ha ido tomando orgánicamente, porque he ido siguiendo mi instinto y he hecho lo que quería. Pero ahora os lo digo oficialmente, espero que podáis disculparme. Perdón.