Podemos escribir el desenlace de nuestros cambios

podemos escribir el desenlace de nuestros cambios

Imagina que las historias más famosas terminaran de la siguiente manera:

Harry Potter tiene demasiado miedo para luchar contra Voldemort. Decide abrirse una cuenta de Netflix y 10 años más tarde ha engordado 15 kilos y no puede participar en los torneos porque la Nimbus 2001 ya no soporta su peso.

El Hobbit se instala banda ancha en su cueva bajo tierra. Descubre las compras online y no vuelve a salir de allí. Nunca jamás.

Ulises se descargó Tinder para ver con qué sirenas podía enrollarse. Eso de ir en barco, marearse y encontrarse con peligros mortales, es demasiado arriesgado. Las sirenas de hoy se desplazan sin problema.

Don Quijote nunca se vuelve loco. Decide que es más sensato quedarse junto al fuego, bien calentito y leer novela tras novela sin resfriarse. Así tendrá más energía para leer otro libro.

¿A quién le importaría la vida de estas personas? ¿Quién velaría por ellos?

Piensa en un hábito, un reto, que te habrás impuesto miles de veces pero que no has conseguido mantener. Ejercicio, escribir, luchar contra la procrastinación. En mi caso, siempre está el meditar. Nunca he conseguido meditar de forma constante. Escribir tampoco, pero escribo más que medito. Y eso ya es mucho.

Piénsa en tu caso. La vida es una historia. Es tu historia. Trátala como tal.

La primera reacción que podemos tener es: no nos gusta nuestra historia.

¿Qué podemos hacer ante tal pensamiento?

Cámbiala. Tú eres el propio escritor. La gente que conoce sus puntos fuertes y sus puntos débiles no quiere decir que los aplique diariamente. Conocerlos es sólo un paso. Actúa en consecuencia con tu personalidad.

Siempre que nos enfrentamos a un cambio que afecte a nuestras vidas—ya sea cambiar de piso, de trabajo, empezar un negocio, empezar un nuevo hábito o una nueva relación—nos contamos una historia sobre ello.

“va a ir bien”

“qué difícil es esto”

“qué miedo… ¿Y si todo sale mal?”

“seguro que termina con otra…”

“en un año voy a ser el rey del mundo”

“qué más da”

o algo por el estilo.

Está en nuestra mente decidir si esta historia terminará bien o mal. Y desafortunadamente, no nos damos cuenta de que somos los escritores de nuestra propia historia. Porque los factores externos nos condicionan demasiado. En realidad, los cambios no son tan importantes. Lo importante es cómo nos enfrentamos a ellos.

Tengo una amiga que me confesó que se leía las últimas páginas de un libro cuando lo empezaba. Sobre todo, los ensayos. Para ver si la conclusión era suficientemente importante como para invertir tiempo leyéndose todo el libro.

“necesito saber si me será útil” decía.

Yo admito que en algunos libros me pasa lo mismo. No puedo controlar no saber cómo termina. Y lo que pasa es que normalmente no entiendo el porqué de esa última línea. Le falta contexto. La falta de control nos hace ejercer más control.

¿Qué quiere decir “Voy a divertirme mucho este verano con Dudley…”? ¿Es ironía o lo dice en serio? ¿Se ha muerto alguien por el camino? ¿Qué has aprendido, Harry?

No podemos saber el final porque además del contexto, nos falta el proceso. Que queramos o no, hay que vivirlo.

Para mí este proceso es la meditación. O la búsqueda de un nuevo piso. Ingenua de mí pienso que podré obtener los resultados ya, inmediatamente. No hace falta que haga el proceso. Pienso que soy la excepción. En otras ocasiones también habrás pensado que tú también eras la excepción. Nadie es la excepción.

Para ser héroes de nuestra historia, tenemos que contarla. Pero al contarla, hay que creérsela. Si uno no cree su propia historia, no hay pasión para continuar escribiéndola.