Lo más difícil de encontrar piso en Barcelona

Lo más difícil de encontrar piso en Barcelona mi hermana

Lo más difícil de cambiar de piso es tener que decir adiós a mis libros. No les digo adiós para siempre. Me los llevo, transitoriamente, a casa de mis padres. Es difícil, porque ellos tratan mi afición a la lectura, casi como una enfermedad. Suerte que no les ha salido una hija gamer.

El proceso hace que cada vez sea más difícil. Un mueble vertical de 6 estanterías. Todas llenas de libros. Alguna incluso contiene dos filas. Al principio escojo esos libros que me han gustado pero que sé que no voy a utilizar como material de escritura. El material de escritura son esos libros que me ayudan a recordar con el estilo, me inspiran con una escena en concreto. O bien quiero tenerlos cerca para releer y ya está.

Los que no voy a releer se van primero. Cuesta identificarlos porque mis ojos solo se fijan en los que me gusta utilizar. Pero voy pasando el radar uno por uno. Los voy sacando. Lleno una maleta entera de ellos. Se llena rápido. Miro la estantería y parece que no haya quitado ninguno. Parece intacta.

Repito este proceso unas 6 veces. Llenar maleta de libros y traspasar la mercancía a mi padre. Contrabando de cultura. Los lleva a la habitación donde crecí. Creo que ya he leído más libros fuera de ella.

Mientras vacío la que ha sido mi cueva, busco piso. Para el 1 de junio. El trabajo y mis proyectos me han hecho olvidar de que lo primero es tener un sitio donde dormir. La búsqueda de piso me hace sentir como si tuviera 3 años. Lo quiero todo ahora y perfecto. La experiencia acumulada me ha enseñado a no llorar en estos casos. Pero, está resultando más difícil que cuando buscaba piso en Ámsterdam.

Me pongo en marcha. Selecciono las opciones de piso en Idealista (no está patrocinado, pero de paso, me podrían encontrar un piso por hacerles propaganda) y no puedo evitar a darme cuenta de ciertos patrones que se repiten:

  • Pisos que tienen 1 fotografía borrosa y 20 de Barcelona: la Barceloneta, la Sagrada Família, Glòries… ¿Cómo de grande será este piso?
  • Pisos con fotografías panorámicas para que las habitaciones parezcan más grandes.
  • Pisos sin ventanas.
  • Pisos en que buscan una chica y habitan 3, 4 o 5 chicos.
  • Pisos en los que hay 2 inquilinos entre las edades de 12 y 99.
  • Pisos en los que las fotos tienen filtros de Instagram. Siempre coinciden en la zona de St. Gervasi.
  • Pisos que no te permiten traer pareja.
  • Pisos con Jesús crucificado encima de la cama. La cama es de matrimonio.
  • Pisos en los que sólo hay dos fotos: la cocina y el lavabo. Creo que la habitación es el suelo. Pero el precio elevado me hace dudar. Quizás tiene una cama desplegable de la pared. Siempre he querido una de esas. Aplico porque estoy desesperada y se ajusta a mi presupuesto.

A veces, abusamos de querer ejercer demasiado control de la situación. Como por ejemplo, cuando vamos al baño y colocamos el papel de cualquier forma encima de la taza porque somos higiénicos y vagos a la misma vez. No queremos estar en cuclillas porque reclamamos nuestro derecho de confort. Pero una vez dentro en el baño, la alarma de tengo-que-hacer-pipí se vuelve más urgente. Entonces colocamos el papel de wáter de cualquier forma. Es decir, se cae al interior de la taza a los dos segundos. Tenemos más urgencia y hay que repetir la acción. Hasta que no mostremos humildad ante las situaciones, no podremos obtener resultados. Y haremos el ridículo con el meado encima.

Lo mejor es observarnos cómo nos comportamos en situaciones en las que no tenemos control.

A veces incluso perdemos el control de cosas que activamente queremos hacer. En mi caso, escribir. A veces no sale. Cuando pasa esto, tengo que obligarme a ir a sitios sin wifi ni internet para forzarme a escribir. Solo así soy más disciplinada. O bien escribo a mano en una libreta, sin distracciones.

Porque en casa hay demasiado ruido. O bien música de Beyoncé, los vídeos de Ellen en YouTube o la voz de mi hermana quejándose porque está resfriada, porque hay demasiado polvo o, bien porque nadie ha puesto una alfombra roja desde su habitación hasta el baño para que ella pase.

Mi hermana.

Lo más difícil de cambiar de piso es decir adiós a mi hermana.