El miedo a exponerse obstaculiza la felicidad

El miedo a exponerse obstaculiza la felicidad

Tengo en el borrador del blog 32 posts en cola.

El más reciente se titula La Carrera profesional del escritor. El chiste está en que yo no soy escritora y mi carrera profesional es la del trabajo que tengo ahora. Los siguientes posts tratan sobre cambios de carrera profesional, la búsqueda de la felicidad en el trabajo, etc. Uno incluso lleva el título de Cómo gestionar el tiempo. Si llego a publicarlo, tendría que justificarlo con este post.

Y una vez escribo un post y lo termino, tengo dudas. Dudo de que se pueda malinterpretar. Y no tendría por qué importarme ni dar explicaciones. Ya que la mayoría de veces escribo para mi yo del pasado, para tranquilizarme una vez veo con perspectiva lo que me sucedió. Sin embargo, soy incapaz de explicarme porqué he ido disminuyendo la cantidad de posts que iba publicando: o está en un punto ciego, o no quiero admitirlo por ahora.

1. El miedo a exponerse obstaculiza a la felicidad.

Uno de las principales razones que escucho de los trabajadores de PIMES o de multinacionales que no tienen un blog personal es porque tienen miedo. Tienen miedo de cometer errores, de hacer el ridículo o de tener una opinión distinta a la de los demás. Y eso incrementaría la posibilidad de desagradar a otras personas a causa de mostrar tu parte vulnerable. Todos estos miedos son legítimos. Pero son sólo eso: miedos.

La mayoría de miedos son imaginarios. Nos obsesionamos con escenarios que quizás pueden pasar o terribles resultados–que luego nunca hay para tanto. Y al final, no acaba ocurriendo nada interesante. Por ejemplo, a mí me solía aterrorizar compartir lo que escribía. Aunque el miedo sigue latente en algunos casos, ahora lo disfruto. El miedo se disipó cuando vi que nadie me hablaba de mi propio blog. Eso me tranquiliza. Aún, si me hablan y sacan el tema, me pongo roja y mis manos empiezan a sudar. Como una osada-retraída: después de la gran osadía me retraigo (así lo define Clarice Lispector en Descubrimientos, p.150). Parece mentira que yo misma me meta en ese calvario.

¿Qué me tranquiliza? Que cuando escuchamos o leemos la opinión de alguien, tomamos aquello que nos puede servir a nivel personal. Tratamos de buscar constantemente las conexiones con los demás. De algún modo, aprendemos de nosotros mismos con las historias ajenas. Con esto en mente, escribir sale de un modo más natural. Me gusta pensar que alguien puede llevarse algo de lo que siento.

2. El proceso importa más que el resultado.

Últimamente me cuesta mucho escribir posts. No sólo por tener más trabajo y tener unas prioridades que han ido cambiando. Sino porque al forjar nuevas relaciones duraderas, como en el trabajo, tengo miedo de exponerme demasiado.

Me gustaría pasarme los días leyendo y escribiendo. Creo que quiero esto más que obtener dinero a cambio de trabajo. Pero entonces mis días serían aburridos. Y quiero tener una vida interesante: llena de retos y de aprendizajes. Quizás estoy confundiendo mis prioridades.

El miedo que nos impide exponernos es el de no ser aceptados por los demás. Porque las relaciones con las personas son las que nos aportan más felicidad, entre todas las cosas. Y el miedo a ser rechazados nos impide tomar decisiones reales. Es por eso que las expectativas nunca se parecen a la realidad.

3. Tomar riesgos es un factor importante para tu nivel de felicidad. 

Cada vez que me expongo y fracaso, me digo que soy inteligente porque las personas más felices son aquellas que se exponen a la posibilidad de pérdida o decepción. Y cada vez que me sucede en el trabajo, pienso que es mejor que no cometer el error en mi vida personal.

Los miedos pueden superarse cuando separamos las creencias racionales de las irracionales. En mi trabajo me cuesta mucho expresar las dificultades que voy encontrando a diario. Uno de los factores será por falta de experiencia y priorización de aspectos que son de urgencia para comentar. Pero si no los comento, a veces crecen en el interior hasta el punto de querer romper a llorar. Un método para combatirlo, es compartir nuestras dudas y sentimientos con los demás. Una vez haces esto, te das cuenta de que no había para tanto.

Y no hay apuesta más segura que la de mostrarse vulnerable ante las dificultades. Eso contribuye a la felicidad. Y el día a día es una búsqueda constante de la felicidad.