El mito de la zona de confort

El mito de la zona de confort

Últimamente le doy muchas vueltas al tema de si debería escribir en un idioma en concreto, en dos o bien en tres. Des del principio, empecé a publicar en español. Lo tenía muy claro: quería llegar a una audiencia mayor. Si escribía en catalán, perdía la capacidad de alcanzar a toda esta gente que con el español podía alcanzar. En un momento dado, decidí que era una buena idea traducir todos los posts al inglés. Los escribía des de cero. Pero al cabo de un tiempo, abandoné porque tenía menos tiempo para dedicar al blog: tesis del máster, quería leer más y la vida misma.

Hace poco, conocí a la autora que me hizo querer ser escritora. Y ella escribe en catalán/valenciano. Y muchas personas, des de que abrí el blog, me lo preguntaban: ¿Por qué no escribes en catalán? La respuesta me resultaba obvia y me la sabía de memoria, porque me la había repetido un millón de veces para auto-convencerme. No fue hasta Isabel-Clara Simó me contó su experiencia de lo cómoda que se sentía escribiendo en catalán, que hice esa conexión en mi cerebro. Lo cual me enseña que debería escuchar más.

Lo mismo me pasa con mi canal de Youtube: nunca sé qué idioma utilizar. Lo cual me hace replantear una serie de preguntas. Porque el lenguaje verbal es lo más importante que disponemos como herramienta de comunicación. Y si nos lo quitan, por ejemplo cada vez que visitamos un país extranjero, nos sentimos automáticamente vulnerables. Igual de vulnerables que si nos quitaran la vista.

– Creemos que para progresar, tenemos que salir de nuestra zona de confort. 

¿Estás en una zona de confort y quieres progresar? ¿Qué haces, cambias de zona o aumentas el lugar que ocupas en la zona que estás ahora?

Nos vamos de la zona 1 a la zona 2. Y ni nos planteamos cuánto terreno hemos ocupado en la zona de confort que antes estábamos.

Entrar a la zona 2 es fácil, pero una vez allí te sientes tieso, incómodo. Quizás estás creciendo, pero empiezas de cero. Y mientras sientes esa incomodidad, tienes tiempo para pensar que no deberías estar ahí pero no sabes por qué.

De acuerdo, es para crecer. Pero, ¿no podrías haber crecido en la primera zona donde aún quedaba mucho espacio por descubrir? Ahora está de moda decir que si eres el más listo de la sala, deberías cambiarte de sala–incluso en mi libro defendí esta idea. Pero hay que ser cauto y vigilar de no irse de la sala demasiado pronto. Tampoco quedarse perpetuamente en el mismo pueblo, como decide el protagonista de La verdad sobre el caso de Harry Quebert. Aunque si decides hacerlo, no pasa nada. Como mucho, te pueden acusar por la muerte de una chica de 15 años. 

– Pero el hecho de cambiar de zona para evolucionar, es un mito. Y que las heridas se curan con el tiempo, también es otro mito.

De cualquier situación, aprendes porque todo tiene sus ventajas e inconvenientes.

Cambiar de sala es como viajar eternamente por todas las ciudades del mundo. Acabas perdiéndote porque no te encuentras. No sabes cuál es tu sitio y no estableces relaciones. Hay dos tipos de personas: los que indagan en su interior y los que indagan con velocidad en el exterior. Pero la zona 1 de confort es la que trabajas desde ti mismo.

Me gusta pensar que se llama así por algún motivo. Porque nos permite construir relaciones y ocupar más espacio en nuestra zona.

De la lectura del libro Jonàs recordé que irte de tu zona de confort (por ejemplo, de tu pueblo o ciudad natal) es muy importante. Pero para entender quién eres de verdad, hay que volver. Y escarbar con tus manos el suelo de las calles, hurgando entre tuberías y porquería, ensuciándote las uñas con la tierra que acabas removiendo y arrancando.

Pero si aún no estás preparado para volver, expande tu conocimiento de tu zona de confort. Haz actividades que no harías normalmente, como paddlesurf. O apúntate a clases los fines de semana, como un curso de teatro.

Y quizás descubres que ser tú mismo es lo suficientemente confortable para crecer y conocerte más sin la necesidad de tener que irte en cualquier otro lugar.