Complacer a los demás es el camino a la infelicidad

Complacer a los demás es el camino a la infelicidad

Alguna vez he escrito algo de lo que ya no estoy de acuerdo. Otras veces, pienso algo distinto, con una nueva extensión. También hay posts que parece que no los escribí yo, porque ni yo misma me hago caso. Y en otras ocasiones, la comprensión del post me llega meses más tarde tras haberlo escrito.

Por eso estoy escribiendo esto.

Porque es importante y es difícil de escribir. Pero cuanto más difícil es, significa que más honesto será. Y menos costará de leer. Los posts que más me gusta escribir son aquellos que redacto mentalmente y luego me los repito de principio a fin hasta que llego a mi casa y, portátil en mano, vierto todas las palabras. Luego, cuando me voy a dormir, lo vuelvo a repetir, palabra por palabra, en mi mente.

Nunca pensé que tenía tan buena memoria hasta que empecé a escribir a diario.

Pero volviendo al tema de hoy: No es hasta que empiezas a perseguir lo que realmente quieres, que lo obtienes. Y a lo largo del tiempo, las cosas que quieres, cambian. Por suerte. Y cuanto más adultos nos hacemos, observamos con mayor percepción cómo evoluciona nuestra mentalidad y cómo se forman nuestras decisiones.

1. Está bien sentir que algunas opiniones que antes tuviste, ahora ya no te sirven.

Por ejemplo, escoger un camino que en un momento determinado viste que te gustaba, como empezar una carrera universitaria. Y por algún motivo, ahora ya no. Ten en mente que lo tomaste cuando tenías menor perspectiva y con un menor conocimiento de cómo funciona el mundo. No tienes por qué sentirte mal por haber escogido un camino que ahora no te sirve. Vamos descubriendo una parte del mundo (de los muchos que hay) por fases y si este no coincide, mejor irse antes de quedar atrapado.

Hacer las paces con las decisiones tomadas es importante: de lo contrario estarás siendo injusto con tu futuro. Un cambio rápido ahora puede mejorar la perspectiva de tu futuro. E incluso si no lo haces, ¿a quién le importa? Mientras tú sigas tu intuición (la cual nos han enseñado a ignorar a lo largo de todos estos años), está bien. Las cosas que ahora no entiendes, cobrarán sentido en un futuro. Los demás se mantendrán positivos si tu también te mantienes positivo. Por muy mal que suene, a nadie le gusta pasar tiempo con una persona deprimida.

2. Deja de querer vivir la vida de los demás. 

Es normal querer mantener las opciones abiertas: quiero viajar allí y allá. Quiero estar con 10 personas distintas antes de tener una relación estable. Y otros pensamientos más. Pero la más famosa de todas es la de compararse con los vecinos de al lado. Cada uno tiene su propia esencia y hay que encontrarla: sólo si se sigue la propia intuición. No la de los demás. ¿Cómo saber si tienes mayor intuición? Una forma rápida es realizando el test de Myers-Briggs: si tienes una N en tu acrónimo, tienes mayor intuición.

Del mismo modo que no queremos que nos digan lo que hacer, no te digas a ti mismo cómo debes ser si eso implica dejar de ser tú mismo. Eso sólo perjudica a la autoestima.

3. El hecho de no obtener resultados a corto plazo no significa que debas abandonar.

Los padres quizás son los más preocupados por los resultados. Se entiende porque ellos han pagado tus estudios y te han mantenido toda tu vida. Pero si te quieren de verdad, no deberían exigirte nada en la vida.

Aunque antes de redireccionar tu camino, pregúntate cuál es la razón por la que quieres hacerlo.

4. Cuando trabajas en algo que es menos serio o formal, es difícil convencer a los demás que lo que haces es importante.

Admiramos a las personas por su trabajo: si tienes un empleo que mola, tú molas. Y eso no es del todo cierto. Aunque –desafortunadamente–valoramos a las personas por el tipo de trabajo que tienen y por la cantidad de dinero que ganan (aunque te hagan creer lo contrario), eso no quiere decir que en la vida privada sean igual de molones.

5. Para marcar una diferencia hay que empezar desde cero. No desde uno.

Trabajar para alguien ajeno siempre es una manera segura de ganar dinero. Y de sentirse como parte de algo más grande. Pero sólo unas pocas personas no pueden soportarlo y terminan creando algo con sus propias manos.

Puedes leer los libros que quieras. Pero hay un momento en el que debes escribir el tuyo. Para contribuir de cero a uno, algún día tendré que escribir el mío. Pero para contribuir a mi felicidad, de vez en cuando salgo en busca de algún libro que me apetezca leer y me sumerjo en él. Con este, incluso lloré. Porque esto es lo que más me gusta hacer. Me refiero a leer. Aunque llorar también sienta bien.

Y lejos de querer mantener el propósito inicial del blog, escribiendo sobre márketing personal, veo que la temática del blog ha ido evolucionando a una búsqueda de la felicidad entre la intersección de la vida personal y el trabajo. Ambos temas tienen algo en común: el autoconocimiento.