Permite que tu definición de éxito evolucione a lo largo del tiempo

Permite que tu definición de éxito evolucione a lo largo del tiempo

Empecé a practicar yoga después de años haciendo el vago. Hasta los 14 años hacía todo tipo de danza: ballet, contemporáneo, flamenco, jazz… Luego, stop hasta los 20.

La excusa típica para no practicar yoga es: no soy elástico. Y es normal prejuzgar con rapidez, todos lo hacemos, en cualquier contexto. Pero lo que pensamos cuando pensamos en alguien haciendo yoga, es en la postura final. Y el yoga no es eso. El yoga es avanzar en la medida que te permita tu cuerpo.

Durante una visita en una empresa llena de comerciales, me enseñaron las oficinas. Tenían gimnasio y estaba el entrenador. Las chicas que me guiaban, aprovecharon para preguntarle los horarios de las clases de Pilates.

¿Hacéis yoga también? –pregunté

¡Uf, aquí imposible!

¿Por qué?

Esto está lleno de vendedores… ¡Son muy, pero que muy competitivos! –respondió el entrenador

Y tiene sentido. Es imposible practicar yoga si estás constantemente comparándote con el vecino.

Por eso es importante ir mejorando poco a poco. Si hacemos un pachimottanasana el primer día, cualquiera se rompe. El yoga es el mejor deporte para enseñarte a no competir con los demás ni alimentar tu ego. Y eso requiere tiempo.

Durante una época, estaba convencida de que quería formarme para ser profesora de Ashtanga. Así que dibujé mi plan. Para conseguir el nivel de un buen yogi, debía dedicar 3 horas al día haciendo la serie completa de Ashtanga por la mañana–que normalmente, se realiza en 90 minutos. Eso si vas rápido. Pero con mi nivel, me llevaría 2 horas en total–y una pequeña sesión por la tarde. Repetir esto todos los días.

La única opción sería levantarme a las 6 de la mañana para terminar a las 8 y tener tiempo para ir al trabajo a una hora razonable, sin columpiarme. Al volver del trabajo, dedicar 50-60 minutos más. Pero tengo dos obstáculos: espacio físico en el piso y escritura. Me marqué como propósito para este año escribir durante 30 minutos justo al levantarme. Mi prioridad central me impide querer afrontar los obstáculos. En consecuencia, no busco solución.

Soy consciente de ello y por algún motivo hasta ahora no me ha generado frustración. Tomarme las cosas con más calma me ha ayudado a ganar un poco de perspectiva. A entender las cosas por si solas y tratar de sacar algo conclusivo de todo: tomarme más tiempo para hacer cosas creativas. Y una vez pasadas por el horno (edición, “mimos” y digestión), esperar un poco más porque, qué más da, no hay prisa y nadie me espera al final.

Y he escrito más que nunca. Visualmente, ver la cantidad de páginas y bolígrafos gastados (como si estuviera gamificando mi proceso creativo), me sacuden de la nube en la que estaba y como una ancla, me devuelven al suelo. Una superficie que antes no dibujaba en el panorama.

Alejándome de esta imagen observo mi evolución como blogger, desde los bastidores. Desde mi interior:

  • Mi definición de éxito antes de empezar el blog: Sacar buenas notas. Pasar desapercibida.
  • Mi definición de éxito durante el blog: Escribir y compartir a diario lo que escribo. Eso significaba compartir más de 3 posts por semana (con su versión respectiva en inglés). Si no lo cumplía, me sentía mal.
  • Mi definición de éxito con 2 años con el blog: Leer y observar más y compartir menos (en el blog). Publicar con la frecuencia necesaria.

Punto en común: el nombre, la marca personal (que de hecho, así empezó la pequeña semilla que originó este blog). Y mantener el nombre, aunque te muestres hipócrita a lo largo de los años. Ser hipócrita demuestra evolución–aunque duela mucho contradecirse. Todos lo hacemos.

Como yo en este post. Que digo que no practicar yoga no me genera frustración. Pero cada vez encuentro mis huesos más pesados. Las articulaciones más entumecidas. Si escribo esto, es porque yo misma me doy cuenta de la espiral sedentaria en la que, peligrosamente, vuelvo a acomodarme.

Me da miedo. Porque a medida que avanzo con la escritura, me doy portazos en otras áreas. Y soy tan hipócrita que no quiero ni seguir mis consejos. Y entonces es cuando me doy cuenta que no debería escribir listas, si no son como ésta.

Últimamente me concedo ser menos exigente, porque aunque piense que nunca alcanzo una meta, me alegro por divisarla a lejos. Porque cuanto más lejos esté, más tiempo tendré para hacer otras cosas y pasarlo bien, porque nunca dejan de ocurrir cosas interesantes.