El modo en que nos comunicamos da forma a nuestras decisiones

Lo que nos decimos a nosotros mismos y a los demás, forma parte de nuestra identidad

Recientemente leía The Dumb House de John Burnside. Y un párrafo me llamó la atención y quiero compartir hoy:

“You choose what you choose and it could not have been otherwise: the choice is destiny. It was there all along, but any alternative you might have considered is an absurd diversion, because it is in your nature to make one choice rather than another. That is identity. To speak of freedom or destiny is absurd because it suggests there is something outside yourself, directing your life, where really it is of the essence: identity, the craftwork of the soul.” traducción aquí

Repito esta frase: la elección es el destino […] esto es la identidad. 

Las decisiones no sólo se toman a nivel personal, también afectan a los demás. La identidad y la construcción de esa identidad están moldeadas o influenciadas por un entorno. Y esta composición relacional me hace pensar en un artículo de PlayGround. Me gustó cómo concluyó el artículo. Porque en todas las familias hay dramas, así empieza Anna Karenina. Y aunque los padres no conozcan a sus hijos (y viceversa), la familia hay que cuidarla.

Las personas somos un 70% de agua. Según los estudios de Masaru Emoto, la ignorancia es la peor reacción que puedes darle al agua. Puedes ver el documental del Masaru sobre los mensajes del agua aquí. Y éste es el proceso en el que analiza los cristales de agua. Cuando se dijo “Bonita” al agua varias veces, se crearon cristales de una belleza impresionante, con formas muy complejas y simétricas. Por lo contrario, el cristal del agua ignorada resultó menos completo. El agua, al ignorarla, es menos completa. Y ésta tiene memoria.

Del mismo modo que en las personas. Ignorar la familia, y todas las relaciones personales, implica dejar un espacio doloroso. Pero como humanos, somos impacientes, y cuando no podemos ver el resultado inmediato de nuestras oraciones y afirmaciones, pensamos que éstas han fracasado.

No somos generosos con las palabras hacia nosotros mismos. Incluso cuando nos dicen que somos guapos, simpáticos, inteligentes o bellos, reaccionamos incrédulos. Pensamos que nos toman el pelo. Mira éste vídeo: las reacciones de estos jóvenes son las que tendríamos, la mayoría de nosotros.

Tomar decisiones es lo más complejo, quizás, en nuestra vida. Pero también lo es (in)comunicarse con nuestras relaciones personales. Y no sólo con los demás, sino también con nosotros mismos. Si no recitamos palabras de amor en el espejo, o demostramos que nos queremos a través de nuestras acciones–el tipo de comida que escogemos consumir, las horas que nos dedicamos para dormir, etc–difícil será poder dar más de nosotros a alguien más. O a ser conscientes de la identidad que queremos (des)formar.