No hay mayor pérdida de tiempo que intentar no perder el tiempo

No hay mayor pérdida de tiempo que intentar no perder el tiempo

Viernes tarde. Salí porque sentí que debía salir, andar y comprar el Cafés el Magnífico. Esta vez tocó Congo Kivu.

Tras comprarlo, aun temprano, el sol brillaba. Acababa de adquirir el último libro de Patti Smith, quería ir a leerlo en algún lugar soleado. Me senté en unas escaleras, cerca de la catedral. Segundos después, no tuve tiempo de adelantar ni dos páginas de lectura, me saludó una amiga, Valentina “justo ahora iba a hacer lo mismo” dijo “traer un libro y salir al sol” sonríe y estiró sus brazos “pero sentí que no debí cogerlo”.

Entonces pienso, yo tampoco quería salir esta tarde, quería quedarme en casa a leer el libro de Patti Smith. Pero algo me dijo que debía salir, quizás teníamos que coincidir. Pasamos dos horas juntas, hablando primero y paseando luego. Su calma, su serenidad me tranquilizan siempre que la veo.

A veces no hace falta planear. La vida misma te da lo que más necesitas. Los mejores planes surgen cuando no haces planes.

A la mierda con eso, pensarás. Eso lo dices porque eres positiva y todo te sale bien. Mentira. Quizás no he tenido peor semana en mi vida, aunque esto siempre lo digo constantemente. Y mirando atrás, no veo que mi vida haya empeorado progresivamente.

Es en esos momentos de menos presión y sinceridad conmigo misma, es en los que me doy cuenta de que realmente cuando menos presionas, todo es más favorecedor.

“En los negocios, tú debes ir a buscar la oportunidad” – ¿tú crees? No todo depende de ti. Hay otras personas involucradas y todas quieren seguir su plan, no el que tú les impones.

“Hay que ser persuasivo para triunfar en la vida “ – al igual que antes, alguien hace planes, y deja que participes en ellos, cuando los siente suyos. Cuando siente que tiene control total. No cuando le es impuesto. Si no puedes persuadir a alguien, no insistas. No es el momento.

“En la vida hay que ser ambicioso” – sí, pero el sentimiento de fracaso es constante cuando te impones demasiado. Y ese sentimiento es más poderoso que la realidad con la que te puedas encontrar. El sentimiento constante de fracaso no favorece tu ambición, más bien te aleja de ella.

Me despido de Valentina y ando por la calle escribiendo esto en el teléfono porque no puedo anotarlo en otro lugar. He salido sin mi libreta y eso es lo que sucede. Pero me acuerdo que no debo escribir (o leer) mientras ando al mismo tiempo. O terminaré como Stephen King, con la pierna mal y en cama durante un largo periodo de tiempo. Aunque si escribo el próximo Misery, ¿dónde hay que firmar?

Cuidado, ahora pienso, con lo que deseas. Esto es otro claro ejemplo de que todo sucede para bien o para mal. Pedimos tiempo al mundo, y quizás terminamos con una pierna mal. Pedimos algo, lo que sea. Y de la misma forma que viene, se va.

Pido éxito personal, y alguna vez hay que aceptar. Aceptar que habrá periodos de calma y paz. En los que aunque no suceda nada emocionante, pero son vitales dejar pasar. Puede que esa queja constante te mantenga motivado para saber dónde quieres llegar. Pero esa queja te mantiene en el terreno del fracaso personal.

No será por saber: ya sabemos que hay que disfrutar del recorrido. Que el camino que lleva a la felicidad hay que disfrutarlo, que es mejor que la meta. Libros, películas, canciones y el filósofo de turno te lo repiten constantemente.

Parte de ello trata de aceptar que todo lleva su tiempo. Y eso es algo que me ha costado aprender. Y no hay mayor pérdida de tiempo que intentar no perder el tiempo.

Preocuparse es un hábito. Y puede romperse. Con café o sin café.

pd: accidentes peatonales potenciales mientras escribí esto = 112,263