Cosas de Niños de David Wagner: El superpadre con el tiempo mengua a enano

Cosas de Niños de David Wagner: El superpadre con el tiempo mengua a enano

Hace unas semanas leí el libro Cosas de niños (Errata Naturae) a raíz de este artículo.

Me pareció muy interesante la idea del autor: escribir sobre la sensación de ser niño y padre a la vez. Desde los ojos de su hija. Porque todo es nuevo cada día, y como dice el autor “el superpadre con el tiempo mengua a enano”.

Seas padre, madre, tía, abuelo o adolescente, recomiendo leer este libro para entender las múltiples visiones en las facetas de nuestra vida. Y la pureza con la que los niños la miran.

Quiero destacar tres aspectos importantes del libro con los fragmentos respectivos, que casan bastante con las categorías del blog:

1. Oficio

“Un día, sin que nadie haya planteado la estúpida pregunta, dice la niña, Quiero ser vendedora. ¿Sí? ¿Y qué quieres vender? ¿Panecillos? ¿Flores? ¿Champú? La niña se para a pensar y dice: Mejor quiero ser estudiante. Una semana después quiere ser bailaora de flamenco.

¿Y tú qué quieres ser algún día?, pregunta la niña, y yo me sobrecojo. ¿Aún no soy nada? ¿La niña me ha descubierto? ¿Está desnudo el rey?”

2. La percepción de lo ajeno

“A menudo la niña también afirma saber algo, sencillamente. Incluso aunque no sea así. Ya ha aprendido la mentira.

En realidad, ahora quiero un helado, dice la niña, y en su en realidad, que me ha oído decir a mí, se refiere a la intuición de que ese deseo pudiera quedar insatisfecho pese a su vehemencia.”

3. No tomarnos las cosas tan en serio

“A veces ensayo claramente lo que he aprendido de la niña; por ejemplo, estoy en el coche y delante de mí hay otro coche que va a trompicones, avanza muy lentamente y quiero cabrearme por ese servilismo, escucho a la niña, escucho su voz, y hablo con la voz de la niña que estoy escuchando: A lo mejor el coche está roto. Ya no debo pensar que el conductor del coche de adelante lo está haciendo adrede, no tengo que enfadarme por el porqué, quizá el coche esté roto, sin más. Mi berrinche no termina de estallar.”

Pero si no es para tanto, dice la niña serenamente. Aprendo de su serenidad.

La niña es llanamente sincera. Aún no ha aprendido a disimular.