La transición de desempleo a empleo

La transición de desempleo a empleo

Empezar a trabajar, cuando llevas un tiempo desempleado o acabas de terminar los estudios, es una especie de bendición.

No tener trabajo hace que te preocupes por tus finanzas. Profesionalmente, te preocupas por el agujero que hay en tu currículum y que no luce demasiado bien.

Pero una vez encuentras empleo, empiezan las intensas jornadas de trabajo a las que no estás acostumbrado, después de un horario flexible que gestionas a tu voluntad.

Esta transición de desempleado a empleado es más difícil de lo que la mayoría reconoce.

Una amiga se acostumbró al desempleo de forma instantánea: creó su propio horario. Se despertaba a una hora cómoda y buscaba empleo durante dos horas  –que realmente, es una gran cantidad de tiempo para buscar trabajo sin volverte loco– y seguía su rutina con unas horas al gimnasio, comida con amigos, miraba una película a la tarde o hacía la siesta.

Luego, hacía papeleo –que hasta ahora, no había encontrado el tiempo para haberlo hecho. Más tarde, salía a cenar fuera o se quedaba en casa o asistía a sus clases de danza, a las que se había apuntado para retomar, de nuevo, la danza contemporánea –y de paso, ayudar a preparar el festival para la nueva temporada.

Ella estaba emocionada.

Pero un día le respondieron las solicitudes de empleo y se asustó. No tengo tiempo para trabajar, decía. Aún tienen que venir a arreglarme el agua caliente y el wifi del piso.

Y conozco esta sensación, cuando terminé las clases del máster: tenía todo el tiempo del mundo y ningún objetivo por cumplir. Por eso me puse a leer todos los libros que pude encontrar. Necesitaba cumplir objetivos.

Lo más lógico es que llenemos el tiempo que tenemos libre con algo. Lo que sea. La alternativa a no hacer nada es quedarse mirando a la pared. Pero no siempre satisface.

Mi amiga hizo varias entrevistas y finalmente le propusieron un trabajo que a ella le gustaba pero eso suponía un cambio en su nuevo estilo de vida.

No tendré tiempo para el gimnasio, decía. Pero ¿qué pasa si no puedo seguir yendo a clases de contemporáneo? Me perderé el festival. Y quizás el electricista pasa por casa cuando yo estoy trabajando, repetía.

Para ayudarte a esta transición, quizás esto sirve de ayuda:

  • Encontrarás tiempo en tu nuevo horario. Si te preocupa el hecho de no poder seguir tus hobbies, que termine tu preocupación. Si tienes pasión por algo, seguirás haciéndolo te paguen o no (normalmente, eres tú el que acaba pagando). Con menos tiempo, somos más eficientes. Y de un modo u otro, encontrarás la forma de salir en el festival de danza, arreglar el wifi de tu casa o publicar la novela que tanto ansias.
  • Entrena el despertarte temprano unos días antes. En el nuevo estilo de vida, quizás tu hora de despertar rondaba las 10 o más tarde. O quizás no. Pero el hecho de vestirte y salir de casa, te ayuda a contribuir al hecho despertarte por la mañana. Practica durante una semana, o unos días antes, despertarte a la hora que vas a tener que hacerlo, te arreglas y sales a la calle a dar un paseo, aunque sea e 15 minutos.
  • Disfruta del trayecto hacia el trabajo. Si es algo que te molesta, hubieras buscado trabajo como freelance. Simplemente, trata de sacar provecho al viaje. Ponte la radio, un podcast, un libro o haz sudokus. Ante todo, alégrate por tener trabajo.
  • No filosofes. Si durante la búsqueda de trabajo y nuevo estilo de vida no has hecho nada de lo que te proponías –escribir una novela, alimentar a los desnutridos o ayudar a tribus marginadas, no vas a hacerlo en los próximos meses. Alégrate y no te cuestiones más: una vez tomada la decisión, da toda tu energía.

A día de hoy es difícil imaginar que un joven no trabaje como autónomo. No hay nada malo en tener un trabajo fijo si se te da bien y te gusta. Más bien lo contrario. Sentirse parte de una comunidad y contribuir a algo mayor de lo que uno solo puede aportar, ayuda mucho más a contribuir al equilibrio personal que trabajar por cuenta propia.