La marca personal es un fraude si no evoluciona con el tiempo

La marca personal es un fraude si no evoluciona con el tiempo

“Y tanto es el afán –continúa—de la nada por ser, por ser algo, por saberse, que el alguien llega a creerse y, de golpe, adquiere una “identidad”, vestido hueco sobre la nada, sobre la energía neutra que toma forma, hueco que quiere saberse y adopta la vestidura y la convierte en templo” escribe Chantal Maillard en su libro En un principio era el hambre.

Tener una marca personal es importante para ser reconocido. Pero, ¿qué pasa cuando nos arrepentimos de lo que hemos construido?

Un amigo que vino a la presentación de mi libro me preguntó qué hacer en los casos de que alguien quiera ser percibido de un modo distinto.

O que actualmente, es percibido, de un modo que él no piensa que se ajuste a cómo se percibe él mismo.

Lo respuesta es, destruir lo que has construido.

Un ejemplo claro es lo que Miley Cyrus hizo: asesinó su propio yo del pasado. La diferencia está en que su marca se construyó a petición de los demás en lugar de un proceso de propia voluntad.

En los casos en que, por voluntad has construido tu marca pero deja de ser válida, debes mostrar esa evolución con los demás. Tener una historia coherente de una evolución es como escribir tu currículum para cambiar de enfoque profesional.

Hasta ahora has trabajado de algo en concreto y quieres dar un salto profesional. La única forma de poder convencerte a ti mismo y a los demás es la de mostrar esa coherencia temporal en tu desarrollo personal: compartir tu historia.

Gracias a estas escenas que has ido construyendo en la mente de los demás, te ayudará a explicar de forma lógica y secuencial las decisiones que fuiste tomando.

“A la mente le gustan las

imágenes. Con ellas, teje.”

Y entonces me preguntarás—como me preguntó una amiga mía en este bar—¿Por qué nos debe importar como nos ven los demás? ¿Por qué construir una marca si en el fondo lo que dices es que debemos ser quienes somos? ¿No se contradicen, ambas ideas?

Porque más de una vez nos vendemos como quien no somos. Y luego, esto es más difícil de gestionar, llevándonos a un lugar al que nunca quisimos llegar. Preocupándonos demasiado de lo que piensan los demás, nos costará más cambiar.

Pero claro, esto no se lo dije en aquel momento porque no tenía la respuesta. Simplemente me encogí de hombros y di un sorbo a mi té.

foto: cajchai.com