Cuándo no es buena idea que empieces tu canal de Youtube

Cuándo no es buena idea que empieces tu canal de Youtube

El video blogging –a lo que me voy a referir a partir de ahora como vlogging— se ha vuelto cada vez más popular y mucha gente no tiene el talento necesario para estar delante de una cámara. Al menos, no cuando una sola persona genera por su cuenta todo el contenido y no tiene un equipo que trabaje para él/ella.

Lo que puede decirse en un vídeo, puede ser escrito en texto. Siempre hay excepciones. Muchas veces un video puede hacer apunte a un tema que nunca podría describirse. En estos casos, el vídeo puede ayudarte a convertirte en un experto en tu especialidad.

Puede que el vlogging parezca la única salida en el mundo online para ser experto en algo. Sí, alcanzas una mayor audiencia en un período de tiempo inferior. Pero hay otros aspectos importantes a considerar: hay menos vloggers conocidos que bloggers, la barrera de exigencia del vlogging es más elevada que la de blogging y las probabilidades de visitar un vídeo de hace 1 o 2 años es inferior a la posibilidad de leer posts del 2012, 2010 o 2008 en el blog de alguien.

Éstas serían las excepciones en las que deberías hacer un vlog: si respondes que si a uno de los siguientes puntos, lánzate:

1. Hablas de cosas que podrían ser comentadas en texto. 

Si no ofreces nada más a parte del audio (imágenes graciosas, cambios de plano que aportan información, etc) y no te gusta escribir, una alternativa es hacer un podcasts. No hace falta hacer un vídeo. Si tienes mucho que decir a través de imágenes, haz el vídeo. De lo contrario, escríbelo o graba tu voz.

El vídeo tiene que ser mucho mejor que un texto para que sigas viéndolo: no puedes darle una ojeada rápida para ver si te interesa. Tampoco puedes verlo disimuladamente si estás en la oficina: necesitas auriculares y en muchas empresas se prohíbe (a veces por respeto y otras, por norma).

Tienes que aplicar el storytelling visual: aprovechar las oportunidades que te brinda esta nueva dimensión de contenido. Si vas a grabar tu cara durante 20 vídeos seguidos, lo más probable es que la audiencia ponga el vídeo para escuchar sólo el audio, mientras cambian la pantalla en su navegador.

2. Muestras tus emociones. 

Puedes humanizar tu texto a través de mostrar expresiones faciales que sean claves para el contenido, para enfatizar la emoción más allá del texto. Si vas a explicar cómo abrir tu canal de Youtube, quizás lo mejor es que hagas un podcast.

Hasta ahora, quizás tu audiencia han sido jóvenes que estudian y aún no han empezado a trabajar, como la de El Rubius. Pero al cabo del tiempo, van a estar en una oficina. Y desafortunadamente, la mayoría pasarán más de 40 horas trabajando (ya sea en la oficina, en casa o en un centro de co-working). Tu audiencia va creciendo y aumentando de edad, y con ello, sus hábitos de consumir contenido online.

3. Tienes mucho que ilustrar.

Por ejemplo, cómo cortar un mango. En general, la mayoría de vídeos son tutoriales sobre cómo hacer cosas: maquillarse, peinarse, etc.

En caso de que tu canal no se especifique en ilustrar cómo hacer algo, considera escribir un post en su lugar.

Si ves un vídeo y no te convence, lo más probable es que no vuelvas a ver otro del mismo autor. En cambio, si un post no te gusta, puedes ojear otro de modo rápido, y quizás te gusta más y sigues leyendo el blog durante un rato más (en la oficina o en casa).

4. Deberías hacerlo, pero simplemente no tienes el tiempo. 

El vlogging ocupa lo mismo que un trabajo de jornada completa: Casey Neistat invierte más de 7 horas al día en sus vlogs. Hay bloggers que también pasan la misma cantidad de tiempo escribiendo sus posts, pero la mayoría matan un post en una hora y que sea de calidad. Por lo contrario, crear un vídeo de calidad (aunque dure 1, 2 o 3 minutos) no suele conseguirse en una hora.

Hay que tener en cuenta muchos pasos en la producción de un vídeo: script –que básicamente es el texto que publicarías en un post o unas breves indicaciones abiertas a improvisación-, preparación, actitud, grabación, edición y subir el documento a Youtube. Todo el proceso puede requerirte unas 10 horas –porque subir el vídeo a Youtube lleva su tiempo y su paciencia.

Si subes un vídeo a la semana (mismo día y misma hora), es pasable. Pero si subes uno al día, espero que te dediques a ello a jornada completa.

5. Eres extremadamente gracioso o inteligente.

Si tienes mucho carisma, YouTube es tu lugar. Como Felicia Day. Pero ella ha salido en Supernatural, así que quizás no es el mejor ejemplo, ¿no?

En caso contrario, haz un podcast. A James Altucher le va muy bien.

Si marcas todos los requisitos, estarías en Hollywood y no en Youtube. Pero en caso de que no cumplas los requisitos pero aun así te encanta hacer vídeos: sigue. No hay nada mejor que dedicarse a aquello a lo que uno ama.

El vlogging no es para mí: subo vídeos ocasionalmente, pero sin organización ni rigor. Me cuesta muchísimo ponerme delante de la cámara, me siento más cómoda detrás. Lo cual está bien: no todo el mundo puede ser bueno en la misma cosa.

Del mismo modo que no todo el mundo disfruta leer –por mucho que me duela admitirlo, porque para mí no hay satisfacción mayor que disfrutar de un buen libro– no todos estamos hechos para YouTube.

Tengo unos cuantos vídeos en mi canal y me gustó hacerlos: de lo contrario no habría invertido tal esfuerzo. Si ocasionalmente hay algo que puedo aportar en formato audiovisual, lo compartiré. Pero mi prioridad es escribir: si quiero perfeccionar el arte de escribir, no puedo permitirme invertir 10 horas por vídeo. Prefiero estar leyendo o escribiendo.

Se trata del trade-off de elegir en qué queremos ser buenos. Yo elijo escribir.

¿Y tú? ¿Aún estás convencido que quieres tener tu canal en YouTube?