Maneras de sabotear tu propia felicidad

Maneras de sabotear tu propia felicidad

Somos expertos en sabotear nuestra propia felicidad. Y por si fuera poco, no hay sólo una forma de sabotearla, sino que hay varias. Éstas son las que he identificado:

1. Tienes un mapa rígido de tu futuro.

O tener expectativas demasiado altas.

La vida no debe estar marcada por un plan rígido: hay que vivirla. Experimentarla.

Algunos de nosotros invertimos tanto tiempo y esfuerzo en diseñar un mapa de nuestro futuro que nos permita llegar de A a B, que nos olvidamos de lo más importante: vivir la vida.

Nos sabemos la teoría: qué es lo que nos hace falta para llegar al punto B. Pero aún no hemos empezado a andar. Y entonces, empezamos a sobre analizar la situación: ¿Y si…? ¿Qué pensarán…? ¿Cuándo empiezo…?

Cuando vives en este estado de espera y de planificación sin tomar ninguna decisión ni disfrutar del momento presente, del ahora, es cuando te pierdes todo lo interesante que está pasando a tu alrededor. Y, si no vives experiencias interesantes, ¿Cómo podrás llegar a ser interesante?

Nos robamos tiempo en planificar más objetivos para el futuro cuando no hemos terminado los presentes. Es maravilloso empezar proyectos; pero también es importante terminar los iniciados.

Te propongo algo: olvídate de tu plan por hoy. Medita. Ignora todas las tareas que tengas -por un día, que no cunda el pánico- y trata de tomarte el día de un modo completamente distinto. Da un paseo por la calle. Inicia una conversación con un desconocido. Regálale un libro a alguien desconocido. Y todo lo que se te ocurra -sin asustar a la gente de la calle.

2. Controlas resultados de forma obsesiva.

Formamos imágenes en nuestra de mente de cómo deberían ser las cosas. Montamos y visualizamos un futuro en el que, en realidad, quizás es demasiado lejano. Y sí, visualizar las cosas y concretarlas, ayuda mucho a la hora de conseguirlas. No hay mejor método que empezar por ahí.

Pero esta forma obsesiva o enfermiza exige mucho tiempo: y todo este tiempo que consumes pensando sobre ello, te paraliza a la hora de vivir. Te paraliza a la hora de disfrutar o de tomar decisiones.

La vida cambia continuamente, y con ella, el futuro. ¿Por qué inviertes tanto tiempo en cómo debería ser tu futuro? Vive tu presente.

Uno de mis fallos es querer estar trabajando siempre: de ver le futuro como algo precioso que se está gestando y debo ir deprisa para atraparlo antes de que nazca sin mí. Que no me pierda el nacimiento y pueda recoger los frutos (si es que los hay).

Antes de querer conseguir más resultados, pregúntate: ¿Voy por buen camino? ¿Hago lo que quiero hacer? ¿Estoy con las personas indicadas?

3. Buscas distracciones.

La tecnología facilita demasiado el poder distraernos, por lo que nos impide –un poco más– el poder disfrutar del presente.

Parece que, ante tanta facilidad con gadgets electrónicos, todo esté programado para evitar nuestra atención: es como si lucháramos para poder concentrarnos.

En el gimnasio, sin ir más lejos, un sitio el cual vas a ejercitar tu cuerpo y desconectar tu mente, la gente está con su teléfono en las máquinas, cintas de correr o bicis: la mayoría de personas miran a su pequeña pantalla y responden Whatsapps. Distraen y ocupan su mente con lo que buscaban al ir al gimnasio: desconectar.

Medita: trata de no hacer nada por 10 minutos. Concéntrate en tu respiración. Haz este ejercicio una vez al día, a ver cómo te hace sentir y como te ayuda. Disfruta esos 10 minutos para ti.

Buscar distracciones sólo te retrasa de disfrutar de lo que quieres hacer ahora. Te distrae del camino que querrías seguir.

¿Qué es lo que buscas con esa distracción?

4. Tienes un entorno negativo.

O como se conoce popularmente, relacionarse con gente tóxica. Retener a este tipo de personas en tu vida es decisión tuya. Tomando la decisión de retenerlas, de algún modo u otro, harán que tu energía se descargue, en lugar de recargarse.

5. Te mantienes en tu zona de comfort.

A veces, hay gente muy inteligente con potencial deslumbrante que decide quedarse en un estado de comodidad en lugar de avanzar.

O simplemente, toma decisiones que son estúpidas. Dice que “no” a proyectos interesantes, o se conforma con la primera opción que se presenta.

Date un tiempo para pensar si realmente estas dando todo tu potencial con lo que podrías hacer. ¿Haces siempre lo máximo que puedes?

6. Te preocupas demasiado por lo que los demás piensan.

Y precisamente, este punto puede ser conflictivo. Pero es importante: porque para tener tu marca personal, hay que saber cómo te perciben los demás para saber si coincide con las percepciones que quieres comunicar.

Pero no hay que obsesionarse: el control es imposible. Simplemente, hay que ser consecuente con lo que uno piensa y hace a diario. El resto ya vendrá. Pero no es una situación que vaya a mejorar solamente porque pienses en ella.

En otras palabras, significa no tomarse las cosas personalmente: no hay que ser egoísta. No todo gira a nuestro alrededor.

7. No defiendes tu opinión. 

Ya sea en la vida personal o en el trabajo. Tener voz propia es muy importante. Y poder compartir nuestra opinión o dar a conocer nuestros valores es algo que nos recarga de energía. En caso contrario, nos deja sin energía.

8. Te comparas con los demás.

Quizás te gusta pensar que los demás siempre tienen éxito. Triunfan en todo lo que hacen y consiguen sus objetivos. Mientras tú, a duras penas, consigues mejorar. Y si lo haces, es en espacios temporales muy dilatados.

¿Por qué nos cuesta tanto esfuerzo algo que a los demás no les cuesta nada?

Error. No tienes ni idea –ni yo, ni los demás– de lo que realmente trabajan los demás. No podemos ver lo que sucede en su interior, las horas que han invertido en un proyecto concreto, ni lo que han sufrido para conseguir donde están.

Esto por una parte: hemos comparado una magnitud distinta. Su exterior con nuestro interior.

Por otra parte: ¿para qué vamos a comparar? No tiene nada que ver lo que una persona consigue con otra. Lo que tú eres no tiene nada que ver con lo que otra persona es.

Cuando te comparas, no estás viendo la otra persona. Te estás viendo a ti: tus celos y tu ego.

Y si realmente necesitas compararte con alguien, hazlo contigo mismo.