Los mensajes de voz, ¿un anacronismo?

Los mensajes de voz, ¿un anacronismo?

Hoy en día ya nadie deja un mensaje de voz. Sin embargo, hay gente que aún los deja.

Todos sabemos que nadie menor de 35 años deja mensajes de voz. Y si lo hace, es para hacer una broma.

Todos tenemos un Smartphone. Fácilmente puedes enviar un email.

Los mensajes de voz son más difíciles de acceder: primero llamar al 123 y esperar a que emitan el mensaje. A demás no pueden almacenarse y se pierden fácilmente.

Los mensajes de voz también les afectan factores externos como ruidos, fallos de conexión o el hecho de que el interlocutor no hable despacio y no entiendas nada de lo que diga.

Un email se puede almacenar. Y no hay confusión en el mensaje: puedes entender hasta donde haya escrito. Y así no puede haber confusión. Si hay alguna, puedes responder directamente el email, diciendo que faltan detalles –demostrando así la poca calidad del mensaje– a diferencia de un mensaje de voz.

¿Por qué se siguen enviando mensajes de voz? Cada vez que recibo uno, pienso que alguien me ha gastado una broma.

Y al seguir preguntándome: ¿qué otras cosas hacemos que disminuyen la productividad y el fácil acceso, en las empresas?

Hace dos días recibí uno y tuve que escucharlo 3 veces: no entendí nada de lo que decía. Y además iba seguido por 2 minutos de ruido de oficina –el que llamaba debió pensar que había colgado.

Sea quien sea el que me llamó, y en la remota casualidad de que lea este blog: no entendí el mensaje.