¿Es bueno recompensar los hábitos?

¿Es bueno recompensar los hábitos?

Muchas de las veces que empiezo, no sé cómo va a terminar lo que estoy escribiendo.

Por eso, nunca sé si lo que escribo será útil para un post de este blog, para una futura colección de ensayos personales, en un guión de una serie televisiva que cuando lo termine, la televisión estará ya extinguida, o se convertirá en la base de unos relatos cortos de ficción.

O bien terminará en la papelera del escritorio.

Esta es la parte emocionante. Porque al menos así me propongo escribir a diario. Como si me pagaran por ello. Que en realidad no me pagan, no gano dinero con el blog, pero como tengo claro el por qué lo hago, lo sigo religiosamente a diario.

Pero a veces es difícil mantener un hábito. Aunque parezca que lo tengamos muy enraizado y que costará quebrar su fluidez, tiene la misma probabilidad de romperse (o incluso más) y, todo el esfuerzo previo realizado para llegar donde estabas, se esfuma. Ya no existe. Porque ya no eres consistente con todo lo que has conseguido hasta hoy.

Es como cuando vas al gimnasio y ejercitas tus músculos. Te sientes mejor que nunca. Tu figura mejora y ganas agilidad. Te sientes cada vez más motivado de continuar haciendo deporte. Pero, por esas cosas de la vida, un día te saltas la rutina. Luego, te saltas otro día, porque no pasa nada por esta vez, ¿no? Y se van acumulando.

Por mucho que hayas ganado músculo durante todo este tiempo, sin ser consistente, lo pierdes en menos tiempo del que has invertido inicialmente para ganarlo. Te quedas sin músculo.

Con la escritura me pasa lo mismo. A veces publico posts a diario y hay otras veces que publico solamente 1 post por semana: pero esto no significa que no escriba a diario. Tengo que escribir cada día, aparte de porque me gusta, porque el hecho de escribir es como ejercitar un músculo. Hay que cultivarlo y darle caña. Si no, se atrofia. Pierde tonalidad y luego no aguantas la misma presión de antes.

Para mí, el objetivo obligado diario es la escritura. No importa cuántas palabras. Hay días que escribo solamente 500. Y otros días, escribo 8.000 palabras (este ha sido, a día de hoy, mi máximo). A mano o en ordenador. Pero no puedo dejarlo de lado. De lo contrario, se atrofiaría mi músculo.

Y aunque sea algo que me apasione hacer, hay días que nunca encuentro el momento. Que tengo demasiada prisa, o demasiadas tareas. O simplemente, tanto tiempo que no quiero aprovecharlo.

En esas ocasiones, en que uno no encuentra el momento de escribir me prometo una recompensa para cuando cumpla mi objetivo. Seguramente tú también habrás utilizado este sistema.

Pero, ojo. A veces la recompensa que nos ofrecemos va en deterioro de la actividad productiva en sí. Hay que ir con mucho cuidado con lo que nos ofrecemos como premio. El autoengaño y la autocomplacencia siempre están ahí para hacerte caer.

Me explico. Si tu objetivo es ir a esa clase de gimnasio, la recompensa más estúpida que puedes ofrecerte es un buen plato de [introduce cualquier menú grasiento] con una cerveza. Estúpido ¿De qué te habrá servido, entonces, ir al gimnasio? Si quieres comerte ese plato, cómetelo. Pero desvincúlalo del hecho de ir al gimnasio. Así sólo crearás un vínculo negativo con tu hábito bueno.

Otro ejemplo: si quieres estudiar para un examen, no te marques pausas de 5 minutos a cada hora que cumplas el estudio para visitar Facebook. Es absurdo. Sabes que vas a entrar en Facebook y los 5 minutos pasarán a ser 25. Y luego ya no tendrá sentido continuar estudiando: ya habrás gastado 20 minutos de tu hora de estudio.

Es el círculo vicioso del eterno retorno. En su lugar, proponte una recompensa que actúe a favor de tu hábito. Por ejemplo: si estudias la hora entera, permítete repasar los conceptos que ya te sabes.

O si consigues ir al gimnasio, permítete comprar una crema hidratante para aplicarte después, o una colonia que huela bien para después del ejercicio. O, si practicas yoga, te obsequias con un accesorio bonito para tu esterilla. Pero obséquiate con algo que sea a favor de tu esfuerzo y contribuya positivamente.

En mi caso, cuando termino de escribir las palabras que tenía en mente a día de hoy, me premio con escribir un nuevo apartado en el libro de 642 Things to Write About (¡adoro este libro!), para seguir ejercitando mi músculo de la escritura. O bien leo un capítulo del libro que esté leyendo actualmente.

Porque así, aunque empiece escribiendo sin saber dónde voy a terminar, a veces consigo algo útil para colgar en el blog. Como este post.

Y tú, ¿qué haces para compensarte cuando has cumplido tu objetivo diario?

Imagen principal de 新宇 , una gran fotógrafa