6 materias necesarias que deberían enseñar en la escuela

6 materias necesarias que deberían enseñar en la escuela

Más de una vez pensé que lo que aprendíamos en clase no tenía ninguna aplicación interesante para mí. Que no me importaba saber cuáles eran las propiedades de los elementos químicos.

Sí, disfruté estudiando los tipos de animales invertebrados que hay y de las ilustraciones que indicaban su anatomía.

Y aprender las letras de las canciones de The Beatles y escribir dictados que la profesora recitaba.

Pero qué absurdo era aprender por milésima vez el ciclo de vida del agua. Lo habíamos visto 40 veces en un mismo año. Igual que el present simple, present continuous y los demás tiempos verbales. Parecía que el inglés era una de esas asignaturas que los alumnos empezaban cada año con la mente reseteada: Hicimos desde 6º de Primaria hasta 4º de la ESO lo mismo cada año. Qué pérdida de tiempo.

En lugar de repetir contenido que ya han dado, deberían enseñar cosas útiles como las que menciono a continuación. Yo la titularía Errores que cometerás (y una pequeña ayuda donde te decimos cuáles son el 5% de estos errores). El nombre entero de la clase debería ser la primera pregunta de examen. Ahí va la lista:

1. Cómo dar la mano. Un apretón de manos tiene mucha psicología detrás. No importa quién eres cuando estás dando la mano. Lo que importa es cómo la das. Por muy absurdo que sea. También, según como das la mano, te conviertes en potencial atractivo o en un total perdedor.

Si das la mano bien = eres atractivo.

Tu apretón dice mucho de ti. Así que asegúrate de que está bien. En un sólo segundo, puedes definirte como dominante, un perdedor, una persona segura de sí misma o alguien que simplemente sabe dar bien la mano.

2. Cómo charlar con alguien sin parecer raro. O crear una situación incómoda. Había un tiempo en el que era totalmente rara dando charlas. No sólo se me daba mal, sino que la persona que estaba conmigo tampoco sabía dónde meterse.

¿De qué hablas con alguien que no conoces? ¿De religión? ¿De política? ¿De lo mal que vestías en la adolescencia? Del tiempo no hace falta hablar, todos tenemos ojos.

Y si te preguntan ellos: ¿Cómo fue tu fin de semana? Oh, bien. Nada en especial. Ya sabes, vi 5 películas y comí todas las sobras de la semana.

O soltar un montón de cosas que no interesan para nada al interlocutor, para acabar convenciéndole de que no hay nada malo en pasar 72 horas sin contacto humano. No, no. Es mucho mejor hacer las preguntas.

3. Cómo ligar. Nos ahorraría muchos problemas y dudas. Aunque esto, como todo, es algo que se aprende con la vida, tendría que haber algún método de preparación para decir: hey, te van a rechazar. Y no hay nada malo en eso. Todo seguirá yendo genial, pero prepárate para fracasar.

4. Cómo presentarse. Debería ser una especie de Elevator Pitch, pero a lo informal. Un previo empujón para cuando, más mayores, quisiéramos conseguir nuestro primer trabajo preparando cafés, transportando cajas o vendiendo ropa.

5. Cómo ser tú mismo. Este es el punto importante. Porque si no, hasta ahora, esto hubiera sido una clase de Etiqueta, de esas de los años 20, o para las Geishas.

La diferencia aquí está en que aunque es importante saber cómo comportarse socialmente (incluso cuando defendemos que somos criaturas naturalmente sociales), debemos mantener la propia personalidad latente en todo momento. De este modo, podremos mantener nuestra marca personal, ergo ser diferenciados del resto.

Para esto, las escuelas deberían ayudarnos a entender cómo somos. Cómo funcionamos. Cuál es la mejor forma que tenemos de aprender.

La forma más fácil de averiguar qué es lo que te apasiona es con esta simple pregunta: ¿con qué te encanta pasar el tiempo?

¿Con qué pasarías las horas? Una herramienta que puede servirte de mucha ayuda es saber qué tipo de personalidad tienes. Conocerte es la base fundamental para tu éxito personal. Las personas se dividen en distintos tipos de personalidades, en total 16 grupos definidos por acrónimos de 4 letras.

De hecho, si los niños, desde pequeños hicieran este test de personalidad, la educación podría ser ajustada a su naturaleza y su capacidad de aprendizaje, para así poder desarrollar de manera óptima su futura carrera profesional hacia su pasión.

Los acrónimos definen a las personas entre intuitivas (N) o sensoriales (S), pensativas (T) o sensibles (F), juzgan (J) o perceptivas (P). Finalmente, se las divide entre extravertidas (E) o introvertidas (I).

Un niño pequeño sensorial no está estrechamente en contacto con su subconsciente. No creen en la primera respuesta que se les pone por delante: tienen que darle vueltas al tema para decidir qué opinan sobre cualquier tema. Por esto, al hacer exámenes, las personas Sensoriales leen una y otra vez la pregunta. No porque no la entiendan, sino porque les satisface leerla más de una vez para su propia tranquilidad mental. Para ver si la entendieron bien desde un principio.

Para un niño intuitivo, el lenguaje natural es la palabra: la metáfora y el símbolo. No deben traducir demasiado estos códigos para entenderlos rápidamente. Por esto tardan menos tiempo al hacer exámenes y en general, leyendo, comparados con los niños sensoriales.

Un lector sensorial preferirá entender literalmente lo que está leyendo: hechos y datos reales. Un lector intuitivo dedicará más su atención a leer entre líneas y a generar teorías más allá de lo que está escrito.

El análisis es más fácil para los introvertidos: son mejores a la hora de reconocer principios subyacentes. Los extrovertidos se enfrontan mejor a las situaciones: son más rápidos y casuales. Por lo que necesitan menor tiempo de reflexión. Los introvertidos bien desarrollados pueden enfrentarse a situaciones del mundo real cuando sea necesario: pero desarrollan mejor su trabajo cuando están en su mundo, reflexionando.

6. Mentalizarnos de que debemos escoger. 

No en ese momento, cuando somos niños. Se nos debería motivar a probar cosas nuevas: de gran variedad y creativas. Pintar, música, danza, ciencias, escritura… Pero en todo momento, dejar claro que en algún momento de su vida tendrán que escoger una prioridad. Esa cosa que les hará especializarse en algo en concreto.

Los que se especializan más en su trabajo, a largo plazo, tienen un mayor sueldo. Y éste será menos cuestionado entre los demás compañeros de trabajo.

Contrariamente, con un trabajo generalizado, cobrando más que el resto sólo puede generar conflicto. Hay que especializarse. Cuando más vinculados estamos con el trabajo que desarrollamos, más felices somos. Por lo que trabajamos mejor.

Ser escritora en general no da para un sueldo estelar a diferencia de alguien que cultiva un género específico. Piensa en Stephen King, por ejemplo. Él se especializó en novelas de terror y es uno de los autores más ricos del mundo. Y de eso se trata: de escoger. Si diversificas mucho tu arte… lo más probable es que no se rentabilize por ningún lado. Por mucho que duela admitirlo.

Mientras, debería haber más profesores como éste.

Y sí, la de la foto principal soy yo.