Cosas que hacer en lugar de escribir (o el proceso creativo de escribir)

Cosas que hacer en lugar de escribir (o el proceso creativo de escribir)

Empezar algo es difícil de hacer la mayoría de las veces.

En mi caso, empezar a escribir resulta una batalla. Me encanta escribir: no me imaginaría una vida en la que no lo hiciera. Pero lejos de ser algo que SIEMPRE quiero empezar, es algo que no me visiono iniciar de forma voluntaria.

Me explico. Necesito que una idea se genere en mi cabeza y se desarrolle en forma de frases y párrafos para que empiece a escribir un texto. En mi cabeza, empiezo a repetir esas frases que van conectándose. A medida que las repito, voy añadiendo más frases. Sólo entonces, cuando tengo algo ya formado, empiezo a escribir.

Eso no quiere decir que empiece a escribir un post sabiendo cómo va a terminar: a menudo me sorprendo con la última frase del post. Y mejor, porque es como debería ser: una búsqueda de aprendizaje interno. Como un viaje hacia una meta desconocida. Bien, en esos casos es cuando me digo a mi misma “quizás has escrito algo horroroso, pero hoy has aprendido algo.”

Sin embargo, el hábito de escribir, yo no lo tengo cultivado aún. El otro día nos pusieron en clase un vídeo de una chica que hace fotos artísticas y las cuelga en Instagram: ella era totalmente consciente de su proceso creativo. Era consciente de cada paso que realizaba para entrar en ese trance creativo. La abstracción que le producía esa repetición de movimientos para empezar a crear era envidiable. Yo también quiero algo así.

Imagínate entonces, lo vaga que puedo llegar a ser. Como mucho, mi hábito antes de escribir podría ser tomarme una bebida caliente. Pongo una taza de leche de avena en el microondas. Me paso de temperatura. Tengo que esperar a que se enfríe para no quemarme el paladar porque lo tengo un poco afectado ya por culpa de unas bravas que tomé hace un par de días.

Y fin de mi proceso creativo.

Hace tiempo leí un post que me gustó mucho. Quizá hace años, por eso no recuerdo donde lo leí. Sólo recuerdo que estaba escrito por una chica americana, en el que contaba el flujo de pensamientos que tenía mientras escribía (o mientras trataba de escribir). Lo he estado buscando y me he distraído durante 20 minutos. Típico. El día que tenga un piso para mí sola, me compraré una máquina de escribir. Así podré mecanografiar en la cocina, sin ropa y sin preocuparme de que los compañeros de piso se quejen del ruido o de las vistas.

Entonces, volviendo al post de la chica americana: ella escribía una lista de razones que le gustaría estar haciendo en lugar de escribir. Ella quería evitar a toda costa el proceso de escribir. Lo que la hacía intensamente feliz era el resultado final. Por eso, quiso plasmar por escrito lo que sentía en ese doloroso proceso. No recuerdo bien lo que incluía en su lista. Pero recuerdo lo curioso que me pareció su forma de afrontar sus limitaciones. Ella sabía que escribir no era su fuerte. Sin embargo, trataba de superarlo con algún tema que fuera de su interés. Bravo.

En días como hoy, en los que no he hecho nada de provecho (o al menos, yo me siento así por mi alto nivel de auto exigencia, el cual tengo que reducir un día de estos), quiero escribir mi propia lista de cosas que haría para evitar escribir:

  1. Quedarse mirando la pared durante horas. Funciona. Al menos así ordenaría pensamientos y procesaría todo lo que he leído. Es mi forma de meditar (porque he descubierto que esto de meditar con los ojos cerrados, por ahora, no se me da bien).
  2. Mirar una serie. En menos de una semana he visto las 4 temporadas de Girls. Fascinante. Ahora estoy leyendo Not That Kind of Girl de la misma autora / directora / protagonista de la serie, Lena Dunham. He de decir, que me gusta mucho más la serie que el libro. Es una buena escritora de diálogos.
  3. Mirar una película. Siempre es más estimulante que ordenar mis pensamientos delante de una pared. La última que he visto: Jurassic World. No sé si me gustó o si fue terrible. Me reí un montón. Pero los toques anti-feministas de los personajes: not cool.
  4. Darme una ducha.
  5. Leer blogs. Sobre todo el de Penelope Trunk o el de James Altucher.
  6. Comer. Fruta.
  7. Leer un libro. Me estoy sumergiendo completamente en el género de la autobiografía. Me dan ganas de escribir una. Pero no hoy. Hoy es un día de no escribir.
  8. Salir a dar un paseo. Aunque sea sola. Luego me siento sola por haber salido sola y regreso a casa sola, con ganas de llegar para que no me vean sola.
  9. Visitar librerías.
  10. Hacer yoga. Si puede ser en una clase, mejor. Con mi poca autodisciplina haciendo deporte, sólo duraré unos 30 minutos. Y 10 serán Savasana.
  11. Ir a comprar. Comida. Porque ropa ya tengo y aún puedo usar esa camisa de hace 3 años. Se ve como nueva.
  12. Quedar con alguien.
  13. Limpiar la habitación / piso.
  14. Bailar.
  15. Poner una lavadora.
  16. Morderse las uñas.
  17. Llamar a alguien y charlar.
  18. Entrar en Facebook. O Youtube.
  19. Leer artículos de salud en Internet. Y tratar de no disparar el nivel de hipocondría que poseo.
  20. Escribir emails. Sé que es escribir. Pero al menos tienen una finalidad útil.

Y aquí termina mi lista.

Y sonrío porque me gusta ver que he terminado con algo relacionado con escribir.

Aunque sea para enviarle un email a mi padre para que lea el último post que he escrito.

Porque él es mi editor. Y escribir un post es como si escribiéramos una carta. Se dirige a alguien. Lo mismo que un email.

Por eso quizás me cuesta escribir. Iniciarme en este proceso de escritura e intentar evitar a toda costa empezar este post distrayéndome con esta lista previa de cosas que haría en lugar de escribir.

Porque quizás tengo en mente que estoy escribiendo para mi padre. Y él no es el público directo de este blog. Bueno, si. Es un lector habitual. Y lo agradezco. Pero no creo que la consciencia de que el me esté corrigiendo cada post sea liberador para mí.

Empecé escribiendo este blog para decir lo que pensaba. Y cada vez me doy cuenta de que dejo de escribir cosas por miedo a ser censurada por el editor.

Tendré que cambiar de mentalidad. O de editor.

Porque de padre, por suerte, no puedo cambiar.