¿Qué hago con mi vida? Una carta para la generación Y

¿Qué hago con mi vida? Una carta para la generación Y

“No quiero hacerme mayor. Me habré suicidado por aquel entonces.”

¿Por qué? Le pregunté. A los 12 años, no había imaginado por qué alguien querría hacer algo así.

“Porque estoy destinada a permanecer joven para siempre.”

Esto es lo que me dijo Inés, una compañera de la academia de inglés cuando íbamos a clase juntas. Había algo en ella que siempre me fascinó. Tenía una actitud descarada y fumaba cigarrillos a los 13 años.

Perdimos contacto cuando cambiamos de curso pero aún recuerdo sus palabras. Diez años más tarde vi una fotografía de ella en Facebook con sus amigos. Ella sonreía. Espero que siga manteniendo esa promesa y que permanezca su espíritu joven.

La mayoría de los de nuestra generación conocida como Gen Y, nos sentimos así. En un barco sin rumbo que nos marea.

A veces todo sale bien. Cuando nos mantenemos fieles a nosotros mismos. Desafortunadamente, en otras ocasiones, ese mareo persiste y crece. Crece tanto que nubla las decisiones que podríamos tomar.

A todos los que os sentís perdidos y no sabéis qué hacer con vuestra vida, a Inés, incluso a mí, nos diría lo siguiente:

1) Permanece hambriento de ambición. 

Ahora hay más oportunidades que nunca. Ten sueños y no tengas miedo a seguir tras ellos. Sé honesto contigo mismo, porque nadie más que tú quiere conseguirlos.

Y el mundo también los quiere. Lo que busca es gente especializada. Si sabes hacer poco de mucho, lo más probable es que te pelees con mucha más gente y no destacarás.

Como blogger, es deshumanizador tener a miles de personas pasar por tu página web sin que tú conozcas ni si quiera su nombre. Cientos de personas ven las mismas pantallas que tú estás viendo ahora mismo. Podrían estar sentadas justo a nuestro lado, ahora mismo. Pero están en otro lugar del mundo, en el edificio de al lado o en la cafetería de abajo. Pero todos delante de otra pantalla de ordenador proyectando esta misma imagen.

¿No es abrumador, pensar que tras cada ordenador, hay una persona con sentimientos leyendo estas líneas?

Al final del día, cierra su ordenador. Alguien como tú o yo. Alguien que cumplió años ayer. O alguien que acaba de romper con su novia por Skype. Alguien que no va a salir esta noche, porque nadie puede quedar y por esto está particularmente sensible con todo lo que ve y lee. Y quizás estas palabras ayudan a ese alguien.

Por esto que estoy escribiendo (o que he escrito, miles de segundos después).

A cambio, me llevo silencio. Muchos clicks, pero poca acción. Ni una palabra. Quizá mi página web no sea más que cualquier otra: un blog wannabe con miles de frases sin valor.

2) Deja de pensar que eres especial.

Pues eso, que no eres especial. Eres único, como el resto de todo el mundo. Así que si no te diferencias por tu propia cuenta no podrás ofrecer nada que el mundo busque. El mundo está lleno de personas ordinarias que hacen cosas extraordinarias.

Empieza a crear contenido para que sea útil para otras personas. Por ejemplo, si quieres ser poeta, publica tus poesías a través de fotos en Instagram o un blog personal. Quizá Tumblr. Trata de encontrar tu medio de comunicación.

3) Ignora a todo el mundo.

Incluso ignora mi consejo. Deja de compararte con el resto. Porque haciendo esto, seguirás sin crear tu propio camino, porque estarás tan pendiente del de los demás, que quedarás atrapado en este limbo de estar paralizado: no hago nada de provecho, porque todos los demás están avanzando mientras yo me he paralizado.

Esto nos pasa a la mayoría en la Universidad donde empezamos a compararnos con nuestros compañeros. Y finalmente, lo único que nos importa son las notas de los exámenes. Y ciertamente, no sirven para nada en el mundo laboral. En el mundo académico sirven para pasar de curso.

Pero las habilidades ejecutivas, que son las importantes en el mundo laboral, no se enseñan en una aula sentado tomando apuntes. Entonces, estás a tres pasos para reinventarte a ti mismo y empezar a crear.

 

O ignora por completo todo lo que he escrito hasta ahora.

 

Fotografía principal de Ingrid Ribas