Microtendencias y pasión por el arte

Microtendencias y pasión por el arte

Las microtendencias son aquellas tendencias a nivel individual que tienen una fortaleza muy grande con impacto global. Son fuerzas en la sociedad que emergen de los actos individuales y que construyen (y diseñan) el futuro de mañana.

Las tendencias.

El poder individual nunca había sido tan grande. Y las decisiones individuales nunca habían sido tan difíciles de analizar. Sí, tenemos más datos. Big data, que se le llama. Pero no sirve de nada si no sabemos leerlo. Aquí tienes una representación gráfica del Big Data (basada en una exposición del centro cultural de Barcelona):

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En definitiva, todo se reduce a pequeños parámetros y métricas básicas. Todo lo demás es ruido. Y la habilidad de descubrir esas métricas y esos pequeños parámetros, está en las personas. No en las máquinas.

Porque normalmente se descubren las tendencias, por los outliers.

Por la persona que se sale de la normalidad.

Esa persona distinta, que su conducta altera la tendencia generalizada.

Parece irónico.

Porque descubriendo ese pequeño punto, ese individuo y su comportamiento, es cuando descubrimos las micro-tendencias y las pequeñas comunidades de personas que tienen unas necesidades y unos gustos similares. Homogéneos. Vamos, de manual de marketing.

Y así es como nacieron los hipsters. Fin de la historia.

Mentira: continua. Y nunca dejará de continuar. Y es impredecible. Porque aunque queramos predecir el futuro, la magia no existe (¿o si?) y nadie sabrá que pasará (¿o sí?).

Aquello de que “este producto sirve para todo el mundo” es una afirmación obsoleta. Tailor-custom made. O a un mayor nivel, con gamificación.

Plataformas. Comunidades. Redes.

La gente va donde estén sus amigos. Y éstos amigos fueron a un lugar en particular, porque otros amigos también estaban.

Nos proclamamos individualistas. Pero hacemos lo que todo el mundo hace. Seguimos la corriente.

Nos quejamos de la iglesia y de la religión. Incluso nos reímos de la gente que tiene una fe ciega ante tonterías que son banales y antiguas. Pero seguimos la religión de la tecnología. Miramos nuestros móviles al despertarnos, antes de comer y al ir a dormir. Cual plegaria de agradecimiento. ¿A quién? ¿A Dios? ¿A qué Dios?

No. A la comunidad.

A otros que son igual que nosotros.

A aquellos que nos hacen sentir acompañados.

Porque nos da miedo estar solos.

Porque nos da miedo reconocer que si levantamos la vista estamos en absoluta soledad.

Sin embargo, habremos estado solos sofisticadamente. Tendremos lo más sofisticado y personalizado del mundo en nuestras manos. Y así podremos morir en paz.

Porque esta es la tendencia que ahora seguimos. La de sentirnos conectados.

Hasta que vuelvan a salir más anuncios en los periódicos anunciando que la tecnología tendrá que retroceder para ser sostenible.

Hasta que vuelvan a salir documentales sobre los diamantes de sangre de Sierra Leone.

En cuanto una tendencia alcanza el 1% de la población mundial, ya se considera un movimiento.

Hay un 1% de veganos en todo el mundo. Por eso en 2014 se denominó el año del veganismo. Y otro link, por si no me crees.

A veces hay incluso movimientos buenos, dentro de toda esta locura universal.

Internet ha facilitado esta conexión mundial. No cambiaría estos sucesos por nada del mundo. Pero todo tiene repercusiones.

Como los divorcios. Los suicidios. ¿por qué? Porque no sólo tenemos alcance a más historias y a más productos. Tenemos a nuestro alcance cosas interesantes. Rectifico: a vidas interesantes. Y empieza la insatisfacción: lo que antes parecía bueno y cómodo, ahora es insatisfactorio.

Y yo aplaudo la insatisfacción. Es la única fuente de progreso. Porque sólo con ganas de querer un cambio, mejoramos como personas. Estoy de acuerdo cuando es genuino y personal. Pero no cuando se convierte en tendencia. En movimiento. En “voy a seguir la corriente, porque es lo que la gente hace ahora”. Parejas que rompen porque la mujer quiere vivir una historia de 50 sombras de grey.

En qué momento se pierde la identidad propia en todos los actos que realizamos.

En qué momento nuestras decisiones personales SON personales. O son influencia de tendencias. O de microtendencias.

Hoy me han preguntado qué quiero ser de mayor. Y me ha pillado por sorpresa.

Pienso en eso a diario.

Me lo planteo frecuentemente. Porque forma parte de mi forma de ser: me preocupo de mi desarrollo y del de los demás.

Y sin embargo, creo haber dado una pésima respuesta.

Pero tras estas palabras, quiero ser escritora. Quiero tener mi propia empresa (o propias empresas) que estén relacionadas con la generación de contenidos. Quiero escribir a diario (como ya hago) y compartir lo que escribo.

Quiero analizar las tendencias que surgen. Me interesa la gente. Me encanta observarla y conocerla. Y aún más ayudarla. Quiero comunicar. Dirigir. Respirar. Inspirar. Y crear. Crear arte.

Porque todo lo que vale la pena ver, sentir y vivir en esta vida, es arte.