Hay que escoger dónde tener éxito

Hay que escoger dónde tener éxito

Estoy en la biblioteca pública porque necesito cambiar de aires para concentrarme. Cuando algo se vuelve tan rutinario como sentarse a escribir en el mismo lugar, deja de fluir la inspiración, dejando que cualquier otro pensamiento llene la cabeza. Como… ¿Qué voy a preparar de comida? ¿Me queda aún canela?

Lo de la canela lo entenderías si vivieras conmigo. La pongo en casi todos los platos. Incluso en el café.

De todos modos, trato de seguir escribiendo. Aunque nimiedades como estas, me bloqueen.

Pero, ¿lo hacen? ¿O es mi modo de funcionar, para poder escribir?

¿Existe algún método, o rutina prefijada que utilicen los bloggers?

Está claro que éste es uno de los mejores trabajos que pueden hacerse en casa, en pijama.

Y los que seáis bloggers, no mintáis. Yo misma hago posts en pijama. E incluso me tomo fotos en pijama y las cuelgo.

En definitiva, estoy de vuelta en Reus, en casa de mis padres. Y necesitaba nuevos aires. Un nuevo escenario.

Lo terriblemente espantoso es cuando descubres que lo que no funciona no es el lugar. Si no, que eres tú. Que no te inspiras y ya está.

Si has leído hasta aquí, felicidades. Por concederme el beneficio de la duda de que este post va a valer la pena. Porque releyendo estas primeras líneas, me pregunto si alguien continuará interesado. Espero que sí, porque ahora viene lo bueno.

 

Como en meditación, trato de dejar mi mente en blanco y espero a que el primer pensamiento aparezca en mi cabeza.

Y se trata del trabajo.

Tengo miedo, porque hay mucha competencia en el mundo laboral. Y más aún en el sector en el que me quiero dedicar. El de la tecnología y de las “start ups”. Y el mayor problema de este sector es que hacen falta mujeres. A los hombres que trabajan en Silicon Valley ya les llaman Valley Boys.

La mayoría de empleados/profesionales son hombres. O mejor dicho: los que llegan a altos cargos (o los que consiguen fundar empresas, al menos) son hombres.

Y podemos pensar que la culpa es de la sociedad, o de los inversores: porque una mujer no es un empleado tan rentable como un hombre. Y aquí damos rienda suelta a los estereotipos: Si se queda embarazada, hay las bajas maternales. Y luego, cuando nace el bebé, la madre tiene las hormonas revolucionadas y le cuesta separarse de él para volver a introducirse en el mercado laboral. Pero es lo que hay. Y no sé hasta qué punto, la “culpa” es solo nuestra: de las mujeres, que nos hacemos las víctimas.

Hay la tendencia generalizada de pensar que las mujeres, para tener un mayor éxito profesional, deben retrasar la edad en el que se convierten madres. Llegando a los 35 – 36 años sin haberse quedado embarazadas y esperando un par de años más a tener el primer hijo. Mal.

No sólo porque la edad incrementa las posibilidades de que el niño salga con algún tipo de enfermedad. Sino porque, antes de los 40, es cuando la carrera profesional de alguien está en el punto más álgido ¿Por qué tener hijos en el momento estrella de tu carrera profesional, entonces?

Parece absurdo. E inútil.

Porque en la vida todo es un juego de coste de oportunidad: debes renunciar a algo para ser bueno en lo que escoges.

No se puede ser un buen padre y un buen profesional al mismo tiempo. Hacer las 2 cosas al 100% de entrega, no nos engañemos, es imposible. Superman y Wonderwoman son dibujos animados. Y aquí aparece el dilema ¿Qué sacrifico?

O escoges ser brillante en tu carrera profesional, o escoges ser un padre brillante.

Por eso, en muchas parejas (o matrimonios), alguno de los dos padres debe renunciar a su carrera profesional para cuidar el hijo. Y aceptar, con respeto y humildad, que el otro padre/madre es el que trae el dinero a casa, o la mayor parte de él. Dificil decisión y ante todo requiere de respeto y compromiso (por parte de ambos).

Por lo que, las mujeres que quieren ser madres pero luego quieren tener una buena carrera profesional, deberían tener sus hijos desde jóvenes. A los 23-25 como mucho. Porque al llegar a la edad de 33-35 años, sus hijos ya tendrán 10 años y podrán (si eligen “meterlos” en la escuela) dedicar más tiempo a su carrera y poder llegar, a los 40 años con una posición de Senior en una empresa. Y los niños, tan contentos en la universidad.

En cambio, tener los hijos más tarde, solo provoca una ralentización irrefrenable de tu carrera profesional. Y dudas. Y frustraciones.

Pues eso es lo que me preocupa. Tener que escoger. Y me da rabia, porque a la edad de 22 años escojo tener una carrera profesional. Por lo que, de momento no quiero formar una familia. Y soy consciente de este trade-off. Y eso significa que si en un futuro quiero tener hijos, habré fastidiado mi carrera profesional. Porque me sentiría obligada a ser una buena madre. Y dejaría de trabajar para estar en casa con el (o los) niño(s).

En caso que tu carrera profesional no te importe (que no quiere decir que no ames o estés comprometido con tu profesión) , entonces es cuando no importa a qué edad tengas hijos. Tengo una amiga de mi edad que está preocupada porque su mayor ilusión es formar una familia. Yo le digo que tranquila. Porque de hecho, tarde o temprano, renunciará a su carrera para ser una buena madre. Ya llegará el momento. Mientras, puede empezar a trabajar, para ir ahorrando dinero y gastárselo en vestidos bonitos para agradar y seducir al hombre con el que compartir ese proyecto.

Y éste es el tema que me preocupaba hoy. O al menos, a esta primera hora de la mañana, sentada en la biblioteca pública e intentando escribir algo que sea de interés para alguien.

Porque me estoy dando cuenta de que quiero gustarle a la gente. Deseo que, lo que escribo, interese suficiente como para que tú, inviertas tiempo leyendo.

Y porque creo que me estoy poniendo mucha presión. Pero lo estoy disfrutando. Porque esta es la decisión que he tomado por ahora. Y lejos de ser una chica fuerte con las decisiones claras, soy una más, con la única diferencia que comparto lo que escribo.

Pero eso no me hace ser una persona especial.