Sedentarismo y aprender no van juntos

Sedentarismo y aprender no van juntos

La gente sedentaria es menos productiva.

Menuda conclusión para iniciar este post.

Al moverte menos, creas una rutina de no hacer nada. Ergo se convierte en un círculo vicioso.

Al ser más sedentario, llevas un estilo de vida menos sano.

Estar inactivo, es una forma poco natural de aprender. Tener a los alumnos sentados en las aulas durante 8 horas, no es un sistema adecuado para aprender demasiado.

Por eso hay tanta gente que se apunta al gimnasio cuando son mayores y trabajan. Pero esto no implica que ya sea la solución para dejar de ser sedentarios. Hay que IR al gimnasio.

Y no nos engañemos, el negocio de los gimnasios (es decir, donde hacen realmente la pasta) está en la gente que no asiste al gimnasio. Gente que paga por no usar las instalaciones. Vamos, que es el mejor negocio pasivo del mundo.

Bueno, no es el mejor de todos, porque requiere de una gran inversión inicial en maquinaria, personal de trabajo, electricidad, etc. Para mí el mejor negocio pasivo es el de los escritores. Pero qué voy a decir yo, si lo que quiero, es ser escritora.

Escribir no se trata sólo de sentarse y estar todo el día golpeando el teclado del portátil (o si tienes la suerte de poder permitirte un iMac, pues del ordenador). Se trata más que eso: de salir ahí fuera y vivir experiencias. De cuestionarse las cosas desde una nueva perspectiva, leer, vivir, ver… y escuchar. Y también, de investigar, analizar, sacar conclusiones o fabular con el fin de despertar la curiosidad del lector.

Y una vez hemos hecho el “compost”, como diría Natalie Goldberg, podemos proceder a escribir. Y a compartir todo lo que hemos vivido.

Por esto mismo, no aprendemos solamente de estar sentados pasivamente delante de una hoja de papel. Hay que salir ahí fuera y moverse.

Y tú, ¿Qué opinas? ¿Se puede aprender siendo sedentario? ¿Cambiarías algo de los horarios del sistema educativo? ¿Crees que tiene algún impacto el cómo nos educan en la escuela? 

Fotografía principal tomada por la fotoperiodista Ingrid Ribas