Expresarnos con arte

Expresarnos con arte

Cuando se tiene tiempo libre, ya sea mucho o poco, tendemos a perderlo.

Nos distraemos con nimiedades. Como observar la forma de los dedos de los pies. O hacer una especie de zapping, pero a través de internet. En vez del control remoto, pulsamos las distintas letras del teclado para que nos salga en la barra de navegación la página web que buscábamos. Y que a mitad de camino, Safari o Google Chrome nos la detecte rápido. Para que sólo tenga que escribir Fa, para que salga Facebook. O Yo, para que salga Youtube. Tw, y me sale Twitter.

Zappeando por Internet así continuamente.

Fa, Yo, Tw, Ma, Good, etc. Y vuelta a empezar. Tw, Fa, Yo. Yo, Tw, Fa… TwYoFa.

Facebook. Twitter. Mail. Youtube. Twitter. Twitter. Facebook.

Un círculo hipnótico vicioso.

O si no nos distraemos nosotros solos en nuestro buscador, pues “trabajamos” en algo que no es trabajo. Que es ocio.

Al menos tengo la suerte que mi ocio está vinculado con el trabajo. Me gusta leer cosas de marketing, de psicología (del comprador), estudios analíticos, etc. El otro día hablando con un compañero de clase con el que voy en coche algunas mañanas, le comenté todo lo que leo. Y yo misma acabé soltándole que sí, que quizás soy un poco friki. Que me leo hasta los estudios del INE, de Passport y Nielsen si hace falta. Los libros de los hermanos Heath. Todos los de Godin y Gladwell. Y también tengo tiempo para leer Intouch (soy una chica y me gustan los cotilleos, sí).

Pero, ¿Qué es que lo malo de leer tanto? Pues, que no escribo. Y si quiero, en un futuro, ser escritora, debo escribir más de 10.000 horas como dice la regla de Gladwell.

Así que puedo pasarme un montón de tiempo leyendo, sí, no me hará daño. Al contrario, me ayudará a mejorar mi escritura. Y sobre todo, aprender de una vez por todas las preposiciones. Que es la constante queja de mi editor… (aka, Mi padre).

Pero en conclusión, todo esto por decir que me cuesta escribir. Y esto es señal de que algo va mal. Cuando siento equilibrio es cuando me muero de ganas de escribir. Puedo pasarme horas y luego tengo que frenarme yo misma diciendo: “Ya está. Suficiente. Si no, no tendrás tiempo de leértelo algún día y corregir los errores”.

Pero cuando quiero expresar algo, a menudo me sobran las palabras. Y si puedo comunicarlo a través de algún otro medio, lo hago (siempre y cuando tenga las herramientas).

Como, por ejemplo, este último lunes. Fui por la mañana a la Universidad, como siempre. Estoy cursando el máster de marketing. Cada vez estoy más contenta de haber tomado esta decisión. ¿Quién no tiene dudas cuando debe tomar una decisión importante, al inicio de su carrera profesional?

Yo sí. Y no soy perfecta, así que tenía mis dudas.

A lo que iba, durante la pausa de la clase, fuimos a buscar, todos los alumnos, nuestras Business Cards. Sí, necesitábamos Business Cards para hacer Networking: al día siguiente teníamos el Talent Career Forum. Venían empresas a “reclutar” estudiantes en puestos de trabajo una vez terminásemos el Master of Science.

Total, que nos dieron un paquetito con nuestras respectivas tarjetas. Pequeñas. Blancas. Insípidas.

Desde que las vi por primera vez supe que nunca en mi vida iba a usarlas. No me reflejaban para nada. Destacaban más la universidad que mi nombre. No va acorde con mi marca personal. Me explico: no estoy en contra de usar tarjetas de presentación. Me gustan. Pero deben ser personales. Sino, ¿qué sentido tienen?

Rápidamente mi bombilla (si, ¡algunas veces me funciona!) se encendió. Ya está, ya sé cómo las voy a usar.

Y al llegar a casa hice este vídeo:

Resume todo el concepto de marca personal, que llevo escribiendo en el blog desde sus inicios.

Es un tema que me apasiona. Porque es la perfecta sintonía de la visión que quieres dar con la percepción que los demás tienen de ti. O el marketing de la ausencia, como dice Risto Mejide en su libro Urbrands. La marca es lo que los demás dicen de ti cuando tu no estás presente.

Y esta es mi forma de crear arte. Cada día. Puede ser en palabras, con imágenes… o en vídeo. No hay límites.

Puede incluso ser con una buena acción hacia un desconocido.

Con un abrazo a alguien a quien nunca has abrazado.

Cantando (en la ducha no cuenta).

Lo importante es que se haya compartido. Como en la película Hacia Rutas Salvajes: la felicidad solo es real cuando se comparte.

Compartir.

Y esto es lo que se debe hacer a diario. Tan fácil como esto. Y a veces nos cuesta aplicar cosas tan simples como ésta.

Y tú, ¿cómo creas arte? ¿qué es para ti el arte?