Precisión en tus movimientos: una forma de salvar tu vida

Precisión en tus movimientos: una forma de salvar tu vida

No es la primera vez que escribo sobre cómo conseguir los objetivos que uno mismo se marca. Pero nunca lo había relacionado con el Yoga.

Repito: no es que sea una experta. Ni por asomo. Ya escribí que mis intenciones con el blog son las de evolucionar como persona, con vosotros como lectores, e ir aprendiendo mientras tengo estas pequeñas “revelaciones” a lo largo del día. Y si tengo suerte, de apuntarlas para más tarde, poco a poco desenterrarlas como diría Stephen King. En las revelaciones que tengo, lo importante es tener la idea clara. Y las palabras empiezan a nacer y a tener sentido en mi cabeza. Las ideas se empiezan a formar y no puedo parar de pensar en ello hasta que lo haya desenterrado del todo.

Estaba leyendo un libro: La Ciencia del Yoga, cuando llegué a la página en la que Iyengar -gran maestro yogi fallecido recientemente- ajustó una de sus posturas de yoga (Asanas) con tal de llegar a la posición correcta. Con mayor profundidad en la postura y sin causar lesiones.

Por ejemplo, la postura de Utthita Trikonasana (nombre de origen sánscrito, en el que ‘trikona’ quiere decir triángulo y ‘asana’ postura). Como la que ves en la imagen de arriba. Mi postura no es perfecta, pero el pie de delante, de la pierna que está estirada, debe abrirse a 90º. De este modo, permite que la cadera tenga más espacio, para que la caja torácica se desplace abajo, manteniendo el pecho abierto.

Si tuvieras mayor elasticidad que la mía, llegarías en más profundidad en la postura. Pero debes tener cuidado de abrir el pecho. La idea de la postura es que, si estuvieras delante de una pared, todo tu cuerpo (piernas, nalgas, espalda superior e inferior) tocase la pared.

Esta precisión, este pequeño detalle de girar el pie, necesitaba ser ajustado.

Las lesiones y las repercusiones no hubieran salido a relucir al momento. Como cuando si corres y te caes, te empieza a sangrar la rodilla. Es instantáneo. Caída, dolor, sangre.

En cambio, este daño estaría oculto. No dolería, de entrada. Pero su repercusión en el futuro sería más dañino y crónico. Incluso irreversible.

Esto pasa en muchos aspectos de la vida.

Y de vez en cuando, va bien que nos paremos a pensar, reflexionemos y estudiemos el detalle. Porque cuando menos lo parece, tenemos el problema justo delante. Y repetimos el mismo error, una tras otra vez por no corregirlo. Se trata de cambiar esa inconsciencia en algo consciente. En algo presente. Para saber qué va mal. Y poder sanarlo.

El resultado no va a llegar de un día para otro. Curarse lleva tiempo. A veces, incluso años.

La clave está en entender que debemos invertir este tiempo para regenerarnos, sin forzarnos. Cada uno va a su ritmo. Y no podemos competir con los demás: solo con nosotros mismos.