Narcisismo... o el límite de escribir de uno mismo en un blog

Narcisismo… o el límite de escribir de uno mismo en un blog

Últimamente he tenido el debate personal de hablar sobre mí en el blog. Es una discusión interior que tengo ganas de compartir con vosotros. Compartir mis pensamientos, mis experiencias… pero tratando en todo momento de no parecer narcisista. Pero entonces, ¿quiere esto decir que soy narcisista? Yo no quiero serlo. Vamos, al menos no es la imagen que quiero dar. Pero el blog lleva mi nombre.

Y el debate interior que he tenido recientemente va sobre esto: de cómo hacer para llegar al punto perfecto, el equilibrio, en el que hablo sobre mí sin pasarme con pinceladas narcisistas.

Pero las preguntas no paran de rodar dentro de mi cabeza ¿Por qué algunos blogs triunfan y otros no? Y en paralelo, por qué hay cadenas o programas de televisión que enganchan más a la audiencia desde el primer momento, mientras que otras, firman su sentencia de muerte desde el primer capítulo.

Y encima, todas estas cosas (los blogs personales, los programas de TV) tienen una cosa en común. El cotilleo. A parte del propio narcisismo, la especulación de la vida privada de otras personas nos resulta sumamente satisfactoria. Y esto genera que la gente quiera saber más ¿Por qué?

De hecho, es lógico que la gente se sienta así. La curiosidad sucede cuando hay un vacio (o una laguna) de conocimiento que está por rellenar. Las lagunas provocan dolor. Cada vez que queremos saber algo, pero no lo sabemos, es como si tuviéramos un picor molesto que necesitamos rascar.

Para hacer que éste dolor desaparezca, debemos rellenar esta laguna. Somos incluso capaces de ver películas que son mediocres sólo por la gran curiosidad que nos provoca saber el desenlace. Incluso cuando son atrozmente malas.

Por eso, en algunas universidades (lamentablemente en pocas) se sigue el método de aprendizaje de las lagunas: si queremos que una persona aprenda algo y se implique, debemos abrir una laguna de conocimiento. De este modo, reconoce que desconoce algo, y por este simple hecho, tiene curiosidad para ver qué es. La clave para comunicar a alguien que necesita saber una determinada información, es reseñar que lo está viviendo, ahora mismo, sin saberlo.

Por eso, el cotilleo, es popular. Por qué sabemos mucho sobre otras personas -las “famosas” pero, hay muchísima más de la que no sabemos. Sabemos quién es Scarlett Johansson y/o Ryan Gosling. Sabemos de su vida amorosa, con quién han estado, etc. Pero no sabemos sus detalles más íntimos y oscuros. Y por eso nos parece tan interesante hablar de ello, porque hay mucha información oculta debido a la laguna.

Si te interesa más este tema, lee el libro Made to Stick, de los hermanos Heath. Hace reflexiones muy sorprendentes sobre el comportamiento humano. Si tienes curiosidad por saber cómo “funcionamos”.

A raíz de este planteamiento inicial del narcisismo (que ya me iba por las ramas), esta duda y debate interno me llevó a la pregunta del millón: ¿Hasta dónde comparto mi vida? ¿Hasta dónde trazo la línea en el blog? ¿Dónde y cómo voy a publicar contenido personal? ¿Con qué frecuencia? ¿Hablaré de mis problemas? ¿De mis relaciones personales?

Como buena millennial, me encantan las redes sociales. Pero soy totalmente pésima para gestionarlas. Me da pereza. No me paso las 24 horas nutriéndome de información en la red. Incluso me parece doloroso. Tengo twitter, pero no leo ni el 10% del contenido que aparece en mi bandeja de entrada (si es así como se llama). Si algún día ves que cuelgo tropecientosmil tweets, es porque he utilizado el maravilloso Hootsuite el día o la semana anterior. A veces paso días enteros sin mirar el móvil. Pero de todos modos, me veo obligada a cumplir ciertos requisitos que implican exponerse a Internet con un blog.

Por eso he tomado una decisión: Voy a trazar una línea muy fina a la hora de compartir contenido en mi blog. En este medio, es donde voy a ser totalmente transparente y constante. He decidido compartir información personal. Ya sean buenas o malas experiencias. Como por ejemplo, que nunca hago mi cama (una de las batallas perdidas por mis padres), pero, por el contrario, me encanta ser puntual a las citas/lugares de reunión o de encuentro.

Otro ejemplo, soy totalmente pésima para escoger gafas. Me pongo nerviosa y me veo horrible con todas. Hasta ahora, sólo las llevaba en casa, en la segura intimidad. Al salir de mi cueva (o casa) me pongo las lentillas y pretendo ser menos inferior que los demás. Sí, es cierto, me siento inferior teniendo miopía. En la Grecia antigua (en Esparta, para concretar) me hubieran deslizado barranco abajo por inutilidad social.

Pero ha llegado el momento de aceptar mi condición (al menos por un tiempo, antes de operarme de la vista y no volver a sentirme dependiente jamás) y dar un respiro a mis ojos. Con las lentillas a todas las horas del día, mis ojos se cansan y mi cartera también se queja.

Pues bien, habiendo decidido pasarme a las gafas, el miércoles al mediodía, después de trabajar y comer, he pasado por la óptica universitaria a hacerme una revisión para las nuevas gafas. Porque las que he tenido hasta ahora, han dejado de gustarme.

He empezado probándome las más baratas (la marca de la casa). Pero para variar, he terminado mirando gafas de marca… y he escogido unas de D squared con una forma muy parecida a las Rayban clubmaster.

Me han gustado porque se parecen a mis gafas de sol y son las únicas con las que me siento cómoda. Las wayfarer. Este modelo volvió a hacerse famoso a través de Cory Kennedy en el 2005, la niña rica de The Cobra Snake, que fue el primer fenómeno it girl en las redes sociales (blogs, youtube…). Luego empezaron a llevarlas las modelos como Kate Moss y así, volvió el estilo vintage.

En el fondo, somos la gente corriente los que iniciamos el cambio. Somos el Tipping Point. Solo necesitamos al “salesman” o la persona que sea portadora de la nueva tendencia. Esa persona carismática suficientemente atrevida para iniciar un cambio de gran magnitud.

En definitiva, ahora soy una hipster millennial con unas gafas que lo justifican. No me siento nada especial, porque las ha llevado, las llevan y las llevará mucha más gente. Pero al menos están alineadas con mi marca personal. Porque son sencillas, delicadas pero atrevidas.

Y si compartiendo inspiraciones, cotilleos, pasiones y temores podemos llegar a conectar con la gente y comunicar nuestro mensaje, quiero ser el ejemplo de “Maven” que Gladwell da en su libro The Tipping Point. Ser una especie de especialista de la información y transmitirla. Y por ello debo trabajar en eso, para no olvidar ni un solo detalle de mi historia para poder generar alguna mejora en alguien de este mundo que pueda crear un gran cambio.

¿Te apuntas?

PD: Por cierto, la foto principal del post somos una amiga mía (izquierda) y yo (derecha) con las Ray-ban wayfarer. Esta foto es del verano de 2008. El caso es que aún no tengo mis gafas porque las están montando. Así que comparto con vosotros las de mis gafas de sol, para que veáis cómo me quedan (narcisismo y vanidad nivel 100).

Mi amiga no sabe que iba a colgar esta foto. Quizás se enfada. Pero simplemente es para ver si se lee mis posts… Puedo hacerle esto porque dudo mucho que se enfade. Además, no se le ve la cara. Pero las que la conocen, seguro que la identifican. En fin, quizás os cuelgo el desenlace en próximos posts ;)