Encontrar equilibrio en una vida desequilibrada

Encontrar equilibrio en una vida desequilibrada

Vemos reflejos instantáneos de la vida de los demás y asociamos directamente que todos sus días son igual de consistentes y de perfectos.

Como cuando vemos las imágenes de alguien en Instagram.

O vemos las fotos perfectas de las vacaciones de alguien en Facebook.

¿Te suena?

Pues te diré que toda su vida no es así. No es verdad la idea extrapolada que tienes de que toda su vida gira entorno esa imagen. En realidad, vemos un 5% de su día a día en las redes sociales. Y que nadie es consistente al 100% con todos sus actos todos los días por igual.

Del mismo modo, no podemos ponernos los mismos objetivos día sí día también. La clave está en acomodar según prioridades las cosas que debes hacer o las que haces para mantenerte feliz… según el entorno, tu estado físico y mental y cualquier otro contratiempo que pueda surgir.

Entonces, encontrar este balance en el desequilibrio diario es fundamental, para ser lo suficientemente vulnerables con nosotros mismos para dejar de lado la perfección, cuando no puede ser.

Pongamos, por ejemplo, que una mañana perfecta sería la siguiente:

7 am – Suena el despertador

7.05 am – 100 zancadillas + 25 flexiones

7.20 am – Meditación 10 minutos

7.30 am – Beber 1L de agua

7.40 am – Aseo personal

8 am – Lectura

8.30 am – Desayuno

9 am – Trabajo

1 pm – Comida

Un poco demasiado cronometrado y ajetreado ¿no? Sin embargo, mucha gente lo consideraría como “mi” ideal para realizar cada mañana. Sin fallo. Sin excepciones. Debe hacerse así para llegar a tener éxito. Para empezar a ver resultados.

Esto es mentira, en parte. Es verdad que hay que ser consistente con las acciones que tomamos, para llegar a convertirlos en hábitos. Pero para llegar al éxito, hay que comprender que habrá inevitablemente algún día, alguna época, en la que no podremos ejecutar cada acción a la perfección. Por eso tendremos que ceder.

En caso contrario, con un pensamiento tan estricto, sentiremos que habremos fracasado en el primer día en que no seguimos nuestra “rutina”. En consecuencia, tiraremos la toalla y dejaremos los buenos hábitos a un lado, pensando que hemos fracasado y que no servimos para nada (en el escenario más pesimista).

Por otro lado, si aceptamos que no siempre podemos ser consistentes, el día siguiente nos levantaremos de nuevo, volveremos a seguir el camino que decidimos tomar para estar en equilibrio. Y aprenderemos a ser más flexibles y a no rendirnos tan fácilmente.

Fotografía de la excelente fotoperiodista Ingrid Ribas.