5 emprendedores de película

5 emprendedores de película

No es un secreto que soy cinéfila. Siempre he considerado que con las películas adquiero muchísimo conocimiento en tan sólo 90 – 120 minutos de mi vida. Me empapo de todo lo que aparece en pantalla, aprendo cosas nuevas, siento emociones distintas… Y básicamente crezco con cada película que veo.

Así que puedo pasarme horas divagando en Internet buscando el título de una peli decente que pueda ver. Si tenéis recomendaciones podéis comentarlas aquí abajo, por favor ;)

1. En busca de la felicidad (The Pursuit of Happiness, 2006). Will Smith lucha por salir a delante, no se rinde y quiere darle todo a su hijo. Una de las frases que le dice a su hijo, hacia al final de la película es: “nunca dejes que nadie te diga lo que puedes y no puedes hacer, ¿entiendes?” Porque en ese momento reflexiona y observa que está desmotivando con comentarios a su hijo… y se da cuenta de que él ha conseguido un trabajo cuando nadie confiaba en él, en sus capacidades. Y lo intentó desde cero, sin miedo, porque no tenía nada que perder.

Es una de esas películas que si no lloras es porque quizás no estás prestando atención. Hay situaciones muy fuertes y hardcore en la que muchos nunca nos veremos involucrados. Por eso debemos agradecer lo que tenemos, ya que siempre hay gente que está peor.

2. Cadena perpetua (The Shawshank Redemption, 1994). No sólo porque aparece Morgan Freeman en la película, me encanta. Tampoco porque fue una adaptación de un relato de uno de mis escritores favoritos… Stephen King. Sino además porque el protagonista, Andy Dufresne, usa sus dotes y sus capacidades para convertir su situación actual en oportunista. Es como El pícaro del libro “anónimo” más famoso.

Es una película en la que Andy persigue su sueño de vivir al lado del mar con un negocio pequeño aunque éste le lleve 19 años prisionero siendo el contable de la prisión. Gracias a esta actividad, pudo blanquear dinero y abrirse una cuenta para cuando saliera de la cárcel, poder vivir su sueño. Suena un poco maquiavélico, pero no podemos negar que la película toma ciertos tonos poéticos…

M. Freeman, por ejemplo, dice: “No tengo ni la más remota idea de qué demonios cantaban aquellas dos italianas, y lo cierto es que no quiero saberlo. Las cosas buenas no hace falta entenderlas. Supongo que cantaban sobre algo tan hermoso que no podía expresarse con palabras, y precisamente por eso, te hacía palpitar el corazón. Os aseguro que esas voces te elevaban más alto y más lejos de lo que nadie viviendo en un lugar tan gris pudiera soñar. Fue como si un hermoso pájaro hubiese entrado en nuestra monótona jaula y hubiese disuelto aquellos muros. Y por unos breves instantes hasta el último hombre de Shawshank se sintió libre”

3. Billy Elliot (2000). El entorno en que está situada la película, siempre valoraré el esfuerzo del pequeño Billy luchando por su sueño contra todo pronóstico. A pesar de que su familia se encuentra en una situación muy penosa económica y emocionalmente (padre y hermano mayor trabajando pero de esquiroles, mientras sus compañeros los abuchean y la madre recientemente fallecida) Billy insiste en dedicarse con aquello que le apasiona. Ésta es mi escena favorita.

Lo que más me atrae es que descubrió su pasión por casualidad. Estuvo en el momento y lugar adecuado cuando descubrió por primera vez el estudio de Ballet al lado del ring donde practicaba boxeo contra su voluntad. Se sintió atraído por la elegancia del baile, la disciplina que impartía la profesora a las niñas y sobre todo, por los movimientos y la satisfacción que le producía ejecutar cada movimiento.

Me inspiró muchas veces, cada domingo por la tarde que salía por televisión la miraba. Nunca me la perdía. Me llevé un chasco cuando fui a ver hace poco en el cine la segunda parte de Nymphomaniac y me encontré al pequeño Billy interpretando un papel que no acabé de entender. Supongo que ahora comprendo lo que sienten los fans de Miley Cyrus hoy en día.

4. Armas de mujer (Working girl, 1988). Es la más antigua de las que he escogido y la protagonista es una mujer. Me siento orgullosa por ello. La primera vez que escuché sobre la existencia de esta película fue en primero de carrera – hace cuatro años ya, nostalgia mode on – porque en clase de inglés nuestra profesora nos la puso como ejemplo de un buen elevator pitch.

Hay una escena, en la que la protagonista, Tess, entra en el ascensor con el ejecutivo para comentarle su oportunidad de negocio. Tiene el tiempo justo y debe venderle la idea suficientemente como para que él esté interesado. Ése día de clase me quedé con dos cosas: el elevator pitch y las ganas de ver la película.

Para mí, Tess es el símbolo de mujer independiente y con fuerza que consigue hacerse un hueco en la empresa. Es capaz de deshacerse de esas personas que no le aportan valor a la vida y que no la apoyan -su antigua pareja- y de hacerse valer por sí misma.

5. El club de los poetas muertos (Dead Poets Society, 1989). Robin Williams es uno de esos actores a los que les tengo cariño. Siempre ha tenido un cierto aire paternalista en las películas. El club de los poetas muertos me apasiona porque trata del tema de la educación y las normas. Y aquí podríamos entrar en un interminable debate de si el sistema educativo esclaviza la creatividad o no, de si mata el criterio propio o no…

Sin embargo, el mensaje espectacular que Mr. Keating comunica a sus alumnos es el de: ¿dónde está la belleza de la vida? No tenemos por qué seguir normas. No tenemos por qué hacer caso. ¿Por qué no nos cuestionamos la autoridad más veces?

Su forma de educar a los alumnos es totalmente distinta a la de los demás profesores. Se diferencia como profesor, sin miedo alguno, incluso cuando sus compañeros profesores le manifiestan lo raro que es su criterio y su forma de ser. Mr. Keating es el profesor que todo alumno recuerda una vez termina su educación, porque ése es el profesor de verdad. Oh capitán, mi capitán.

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El mensaje en general de todas las películas: no dejemos que los otros nos digan lo que debemos hacer. Debemos dejar que nuestro yo interior, nuestra pasión, salga de nuestro pecho. Hagamos de nuestro sueño una realidad. 

Y para terminar, continuando con la voz de Morgan Freeman, recupero otra frase que menciona al final de Invictus: “somos dueños de nuestro destino, guardianes de nuestras almas”