Apología de Sócrates en el mundo empresarial

Apología de Sócrates en el mundo empresarial

Si ya has leído Apología de Sócrates de Platón, espero que disfrutes de este breve relato que he hecho, inspirado con la obra mencionada y con analogía al mundo empresarial.

Si nunca la has leído o no has escuchado de ésta narración, espero al menos suscitar tu interés en la filosofía o que aprendas algo nuevo leyendo este post. Por lo tanto, ésta no es la versión legítima de la Apología. Es un story retelling escrito por mí.

Nos encontramos en una ciudad de Europa, cuyo nombre no puedo acordarme (lo siento, debía hacerlo), en una multinacional de lácteos con una gran línea de producción. Supongamos que Sócrates es el director de Marketing de esta multinacional, también reconocida como Blue-Chip.

Sin embargo, la empresa tiene una salud financiera en peligro… pero el entorno económico está bien y nadie se da cuenta. La gente sale a desayunar a los cafés de los alrededores y gasta más de 8€.

Por las tardes, compran ropa nueva porque la de la semana pasada ya no está de moda.

Por las noches van a cenar fuera y luego van al cine a ver una película. Y no se fijan ni si es el día del espectador ¡Así de bien está la economía! En un entorno de bonanza, los directores de nuestra empresa se sienten contentos y felices de sus ventas y ya están esperando la cesta de regalo que tendrán estas navidades.

Sin embargo, Sócrates, ha sido acusado de tener una visión distinta. Durante una reunión de directivos, Sócrates quería presentar un plan de propuesta para ser más precavidos. Quería mantener una política distinta que la de la empresa. Rápidamente sus compañeros de trabajo hablaron mal de él a sus espaldas. Sobretodo sus superiores: tenían miedo de que Sócrates hinchara la cabeza de los otros empleados y que estos se desmotivaran por el escepticismo de Sócrates. Los jefes querían continuar con esa buena vibración para que las ventas siguieran incrementando, como habían hecho hasta ahora.

Sócrates es un personaje especial. Es el escéptico de la empresa. Es como el actor que dice “debemos darle el beneficio de la duda” al acusado en la película 12 Hombres Sin Piedad. Sócrates es crítico y quiere ver hechos, pruebas. Equiparable a su nivel de curiosidad, Sócrates se compromete a indagar la respuesta. En otras palabras, es inconformista.

Dos días después de la conocida reunión, le llegan a Sócrates acusaciones sobre él. Le llegan comentarios despectivos como “va contando mentiras para destrozar la cultura actual de la empresa”, “cuestiona demasiado y esto va a ser negativo para la empresa.” Además, Sócrates es culpable de corromper la juventud, los becarios, y de no creer en los métodos los cuales la empresa cree, sino que cree en otros procedimientos.

Como el director de la compañía tampoco ve muy positivo el comportamiento de Sócrates, reúne a todo el equipo para evitar que se genere un mal ambiente. Prefiere que todos comenten sus pensamientos juntos, y que la retroalimentación de comentarios negativos llegue a su fin. Una vez todos reunidos, el director, llamémosle Pedro, le da la palabra a Sócrates para que justifique su comportamiento:

“Está claro que si no hicieras nada extraordinario, si no hicieras nada distinto de los otros hombres, no habrían existido nunca estos dichos y esta reputación”

Todos los asistentes en la reunión se quedaron perplejos ante tal respuesta. A la que Sócrates prosiguió hablando sobre por qué desafiaba la optimista propuesta de beneficios, ya que el analista que la realizó era un hombre demasiado taciturno y enfrascado en sus asuntos. El encuentro que tuvo con él la tarde después de la reunión sobre los resultados no fue demasiado bien, porque el analista acusaba a Sócrates de meterse en su trabajo cuando él no tenía los mismos conocimientos de análisis financieros que poseía el analista.

“Fui a ver a un hombre que se hacía llamar sabio.” – dijo Sócrates – “Era sabio a sus ojos y a los ojos de los demás, pero en realidad no lo era. Por esto, más sabio que este hombre, lo soy, porque ninguno de los dos sabe nada sobre la verdad, pero mientras el piensa que sabe algo, no sabiendo nada, yo, como no sé nada, no pienso saber. Parece, entonces, que yo soy más sabio que él en esto: que, lo que yo no sé, no finjo saberlo”

Otra vez, los asistentes se sorprendieron de tales palabras. Por parte de algunos empezaba a crecer la duda de si Sócrates tenía quizás razón…

Sócrates prosiguió: “Me daba cuenta, con todo esto, que iba haciendo enemigos. Pero me parecía necesario poner por encima la voz de mis valores”

Ahora Pedro interviene con una desafiante pregunta: “¿No te avergüenzas, Sócrates, de tener que ocuparte de cosas que hoy te ponen en riesgo de despido?”

Sócrates respondió: “Te equivocas, si piensas que a un hombre con un poco de valor le hace falta reflexionar sobre los peligros del vivir o del ser despedido y no debe tener en cuenta su obra, si lo que hace es justo o injusto y si sus sobras son las de un hombre del bien o un hombre del mal”

Los asistentes de esta última reunión tenían una misión encargada por el director, Pedro. Debían decidir junto a él si Sócrates seguía en si trabajo ya que nunca encajó completamente a la cultura de la multinacional y Pedro creía que era la raíz del problema que debían evitar.

Ya sabéis como termina la historia de Sócrates. Sino puedes buscarla en Google. Pero en nuestra historia, del director de marketing, quiero dejarla con un final abierto. Para que pienses en los escenarios que pueden pasar si Sócrates continúa o deja la empresa.

Si se queda, quizás es capaz de re-orientar la empresa y que evite la crisis. O al menos, reduzca su impacto negativo durante la recesión…

Por otra parte, si se va, quizás la empresa acabe tocando fondo y todos los empleados terminen despedidos mientras Sócrates trabaje de Freelancer en Hawaii comiendo frutas exóticas y haciendo surf a diario ¡Quién sabe!

Quizás si en su momento, no hubiera terminado del modo que terminó, hoy en día estaríamos (o no) de otro modo. Quizás yo no hubiera nacido. Por este motivo, como me gusta tanto suponer, quiero dejar esta historia con final abierto, con interminables posibilidades que pueden pasar tanto a Sócrates, como Pedro o los otros profesionales de nuestra Blue-chip.

Puedes escribir el final de la historia que creas posible en los comentarios. También cuál personaje crees que serías en el relato… y si harías algo distinto. O simplemente, puedes quejarte de lo aburrida que ha sido esta entrada de blog. Libre opinión.

Si quiero que te quedes con una idea al final de este relato, me gustaría que fuera esta frase del libro:

Tener miedo a la muerte, atenieses, no va más lejos de pensar ser más sabio cuando, en realidad, no se es.

Es decir, no debemos tener miedo de aquello que es incierto. En este caso, al despido. No debemos tener miedo al despido por que de la misma forma que la muerte: es algo por lo que todos vamos a pasar. Lamento si piensas que nunca vas a pasar por esta fase. A mi tampoco me gustaría que me despidieran, pero hoy en día, cuando no hay nada cierto, sólo tenemos la certeza de que no sabemos nada.

Mira que bien, presumimos de que nuestros tiempos son inciertos cuando 400 años antes de Cristo, y quizás incluso antes, ya se quejaban de ello ;)