5 cosas a considerar al ir a vivir solo al extranjero

5 cosas a considerar al ir a vivir solo al extranjero

Como apasionada de las aventuras y del viaje, cuando me aceptaron para un trabajo en Ámsterdam en Noviembre de 2012, no pude alegrarme más.

Me encanta explorar y conocer. Soy curiosa por naturaleza y siempre quiero más respuestas a todas las preguntas que ocupan mi cabeza.

A veces debo lavarme la cabeza durante 20 minutos bajo la ducha para ver si se van todas estas preguntas. Pero no, siempre permanecen allí. Quizás son distintas a las de antes… pero siguen allí. Así que he aprendido a convivir con ello.

Por lo que para mí, ir por mi cuenta a un país nuevo es un lujo, un placer. Sin embargo, tiene sus dificultades y desventajas. No todo es de color rosa. Sobretodo si te mudas al norte, es más bien grisáceo. En Ámsterdam solo vi el sol 3 días. Cuando volví a España me saltaban las lágrimas de felicidad al ver los rayos de sol.

Aunque dejando de lado mis penas y alegrías, me gustaría compartir con vosotros qué es lo que destacaría como más importante a la hora de aventurarse a vivir en el extranjero.

1. Encuentra un lugar para vivir. Por internet puedes encontrar miles de ofertas. Pero sobretodo ve con cuidado: hay mucha estafa. Nunca aceptes pagar una cantidad de dinero sin haber visto ni el piso ni la llave. Nunca pagues por adelantado. Lo más seguro es que ingreses el dinero, vueles hacia el país, vayas hacia la calle con una llave falsa que te enviaron por correos y que descubras que no existe ningún apartamento.O que la llave no encaja con la puerta. Sería una terrible decepción.

Así que no aceptes pagar por adelantado. Y si ves que en la página web las fotos son demasiado bonitas y que parecen sacados del catálogo de Ikea, es que probablemente lo sean. Afortunadamente encontré un piso donde vivían húngaros que eran muy buena gente y el precio era perfecto. Pero de historias sobre estafas como éstas: miles.

2. Familiarízate con el transporte público. Equivócate las veces que haga falta, pero que no te dé miedo aventurarte a probar las líneas de autobuses y de tren. Si vas a Ámsterdam, verás que el transporte público es una pasada: impecable y eficiente. También es caro: la calidad tiene su precio. Pero por mucho que pienses “yo con mi bici me apaño” el día que caen 3 metros de espesa nieve vas a arrepentirte de no saber qué bus debes coger ni qué línea de metro se dirige a tu casa. Aunque probablemente… si nieva con tanta intensidad quizás no puedas salir ni de donde estás. Así que al menos asegúrate de quedarte atrapado en un bar.

3. Paséate a pie toda la ciudad. Debes conocerla al máximo: sus callejones más profundos. Este es mi consejo más preciado. Porque ya que estás en un lugar nuevo, es precioso el proceso de conocer calle a calle tu nueva ciudad. Así es como descubres los mejores restaurantes, las mejores tiendas de libros o de ropa.  Del mismo modo, paséate por la naturaleza, por los parques.

Donde yo vivía había un gran parque con árboles inmensos y un pequeño río donde vivían los patos. Hacía ejercicio allí con mi bicicleta unas tres veces por semana. No era una práctica muy intensa, ya que prefería ir despacio para disfrutar del paisaje y que me tocara el aire. Porque lo que es sol, no había. Pero un día conseguí sacar una foto cuando hacía sol, que es la que véis arriba del post.

4. Busca Meetups o alguna comunidad de tu gusto. En este caso, en Ámsterdam yo busqué la comunidad de Catalanes en Holanda. Resulta que éramos muchos los catalanes que emigraban allí. Al principio me resultó eficaz juntarme con ellos por temas de papeleo nacional. Tuve que inscribirme como ciudadana holandesa durante 6 meses para poder abrir una cuenta bancaria en Holanda y cobrar el sueldo de becaria.

También me resultó práctico para comprar mi bici. Me enseñaron el lugar con los precios más competitivos y la calidad más… ¿pésima? El mercado negro de las bicis. Si, existe. Al cabo de dos meses, como quería practicar mi inglés y alemán, decidí apuntarme a un club de lectura (encontrado gracias a la red social de Youtube). Nos reuníamos una vez cada dos semanas en la biblioteca pública de Ámsterdam, que por cierto, es una belleza.

5. Di que sí. A veces no nos paramos a pensar la de oportunidades que perdemos por el simple hecho de decir que no. Es una simple palabra que sólo tiene una sílaba. Por eso no le damos importancia. Pero el impacto que tiene es enorme: de pasar a tener una experiencia formidable, a no tenerla. Cualquier plan que te propongan, cualquier fin de semana de excursión, o cualquier fiesta por la noche: acepta. Di que sí.

Al fin y al cabo acabas de llegar a un lugar nuevo y la carga de responsabilidades que tienes al principio, no son las mismas que vas a tener dentro de unos años, si continúas viviendo allí. Puede que te hayas casado, que hayas ascendido a un puesto con más responsabilidad… o que tengas hijos. Así que la experiencia no va a ser la misma de la que puedes tener ahora. Y no sólo si vas a vivir a un lugar en el extranjero. Intenta aplicarlo a tu día a día: di que sí a las cosas nuevas, sin prejuicios, para vivir el ahora. Para disfrutar tu presente. En inglés, del verbo “present”, que también significa regalo.